Lo que no se está diciendo de nuestra catedral

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Completar la información con motivo de la reapertura de la catedral requiere salir al paso de las declaraciones que, en general, se están haciendo. Con estas líneas se pretende sacar a la luz aspectos esenciales que reiteradamente están siendo obviados y que como navarros nos interesan. Este monumento forma parte fundamental de la unidad del patrimonio de Navarra, que como el resto de la cultura navarra, debe estar vivo. Nuestra catedral es otras cosas además de un centro de culto, el cual evidentemente tiene un enorme peso. Se trata de la vertiente civil e institucional del monumento. Nos hallamos ante dos aspectos, o dos caras de una misma moneda, el civil y el eclesiástico. Navarra levantó este monumento como primer templo del reino, pero también como lugar donde se ubicarían, como establece el Fuero General, los principales momentos de su soberanía: el juramento de los reyes de defender la Constitución histórica de Navarra ante las Cortes, seguido del acto de su coronación, así como el panteón real donde reposan sus restos en el mismo lugar donde fueron coronados.

Es precisamente en este año 1994, como es sabido, cuando se cumple el quinientos aniversario de que todo el pueblo de Navarra coronó en nuestra catedral de Pamplona, por última vez muy a su pesar, a sus reyes, tras jurar mantener y guardar todos “vuestros Fueros, y los usos, costumbres, franquezas y libertades”. Contamos con una detalladísima descripción de la solemne ceremonia constitucional celebrada el 11 de enero de 1.494.

Fue voluntad de la última reina coronada en ella, Catalina, según lo manifestó en su testamento, otorgado y publicado en el Palacio Real de Pamplona el 25 de junio de 1.504, tener la sepultura en la misma Catedral de Santa María de Pamplona “donde nuestros predecesores, los Reyes de Navarra, de gloriosa memoria, ha acostumbrado a ser enterrados delante del altar mayor”. Provisionalmente descansan, en contra de su deseo, en la Catedral de Lescar, en Bearne, cerca de la muga de Navarra.

A este respecto, la princesa Ana, primogénita de los reyes Catalina y Juan, en su testamento de 15 de agosto de 1.532, hecho en el Palacio de Pau, declara: “En el caso de que, un día, sus difuntos padre y madre sean transportados a Iglesia Catedral de Santa María de Pamplona en Navarra, que igualmente su cadáver sea allí transportado y enterrado en el lugar donde sean enterrados su padre y su madre”. Por ello es justo que Navarra, tras la restauración y solemne apertura de la catedral, cumpla con el mandato de sus reyes privativos, efectuando las labores necesarias de preparación, y les dé sepultura en el mismo lugar donde juraron los Fueros al pueblo de Navarra y fueron coronados.

La Hacienda de Navarra ha vuelto a invertir muchos cientos de millones de pesetas en la restauración de nuestra catedral, lo que reitera el compromiso civil de este monumento.

Existe una íntima relación entre la catedral y el cercano Palacio Real de Pamplona, pues en ambos monumentos se desarrolla el ámbito del poder en su máximas manifestaciones, por lo que no se puede seccionar el uno del otro.

Junto a las mencionadas efemérides de la restauración de la catedral y la coronación de los reyes, también este año 1.994 se tomará la decisión sobre la auténtica restauración del Palacio Real. No se trata de monumentos históricos muertos, idea inadmisible que facilita la adulteración, demembramiento o rehabilitación para otros usos. El mismo respeto que se tiene para con los monumentos relegiosos, como mínimo se tendrá con los monumentos civiles. A los cientos de iglesias restauradas se les ha devuelto el uso original; por el contrario, en el caso del más singular monumento civil de la soberanía política de Navarra, se ha llegado a hablar de su reconversión para un uso diferente Archivo General. El único uso y destino de este monumento, el Palacio Real de Pamplona, es el suyo propio, el institucional y político para el que Navarra lo construyó.

La Sociedad de Estudios Vascos/Eusko Ikaskuntza va a celebrar en Pamplona, con el patrocinio del Protocolo Aquitania-Euskadi-Navarra, unas Jornadas sobre la Normativa para la Defensa del Patrimonio, en las que se tratará la restauración de monumentos y, entre otros, de la catedral y del Palacio Real de Pamplona.

No dudamos de que el Gobierno de Navarra y el resto de las instituciones así lo entenderán y encauzarán todos los esfuerzos necesarios para la restauración y recuperación de estos monumentos que tan alto significado civil e institucional tienen para Navarra.