El síndrome de Atila

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“La Biblioteca de Navarra se edificará en Santo Domingo” (sic). Antes era el Palacio de la antigua Audiencia Territorial que caprichosamente se pretendía “reubicar” a lo Nerón. Ahora nos despiertan con otra bien gorda, precisamente por ello, la presentan a bombo y platillo como la idea del siglo. No importa que el lugar elegido esté catalogado por la protección del Conjunto Histórico de Pamplona, con especial mención al veterano jardín del Palacio Real. Da igual que las murallas de Pamplona, además de ser ya monumento protegido, sean parte sustancial del Conjunto Histórico de Pamplona.

No les vincula, al parecer, que el propio Gobierno de Navarra haya efectuado recientemente la solicitud de inclusión en la declaración de “Patrimonio de la Humanidad” de la UNESCO a las murallas de Pamplona. Iniciativa ésta de la Administración que apoyamos decididamente y que puede representar el comienzo de una nueva era en la protección del Patrimonio en Navarra.

La Biblioteca General puede y debería estar en el contexto de la ciudad histórica, pero de ninguna manera eliminando un espacio libre, el de los antiguos jardines palaciegos, que es ahora una plaza emblemática del Casco Antiguo conformada por el Museo de Navarra, la antigua Universidad barroca -hoy Departamento de Educación-; por el Palacio Real -que no Capitanía- y por el glacis de la muralla sobre el Arga.

Quien llama a esta plaza solar, en cualquier momento, puede hacer solares de la Plaza de la O, del Redín, o de la Plaza de las Recoletas. El Casco Antiguo no puede prescindir de ninguna de sus plazas, paseos y zonas verdes.

Entre la Ciudadela y el Casco Antiguo existen grandes solares municipales, y también en la misma Vuelta Aranzadi, construyan allí si quieren hacer arquitectura menos condicionada por el Patrimonio, si por el contrario se inclinan por la rehabilitación de grandes edificios, tienen numerosas opciones dentro del núcleo histórico en varios conventos y palacios.

La contrata multimillonaria, ya se habla de 2.100 millones para la Biblioteca General, cuando se trata de un Conjunto Histórico declarado, no puede gastarse en una presuntuosa “modernez” clavada en las entrañas de la zona histórica y monumental. Esos enormes presupuestos tienen que ir dirigidos a pagar a los centenares de personas que se tienen que dedicar a trabajos indispensables para la correcta restauración y rehabilitación, en cuya labor predomina la actividad manual y mental. Pero con ello no se obtienen las grandes exclusivas e inmediatos beneficios económicos para unos pocos. Por otro lado, la destrucción de Patrimonio nos empobrece a todos y además para siempre.

Parece que el síndrome de Atila se ha apoderado del “Pino” de la Diputación, hay que tratarlo con tiento y energía.Una vez más, desde “Iniciativa ciudadana para la defensa de la Pamplona histórica”, nos vemos obligados a pedir cordura y respeto con el Patrimonio, no nos cansaremos de repetir, para que pueda ser disfrutado por todos hoy y en el futuro.

Tomás Urzainqui Mina