La bifronte Navarra

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Podemos comenzar preguntándonos si la Corona de Navarra llegó a tener la percepción de gobernar en una comunidad cultural diferenciada y si dicha concepción se ha ido manteniendo de alguna manera en Navarra hasta hoy. Estas líneas intentan encontrar una respuesta.

Examinando la denominación “navarro” podemos encontrar importantes claves del asunto; ya que  originariamente tiene un doble significado: por un lado supone una referencia lingüística y por otra jurídico-política, pues entonces se llamaba sólamente navarros a las personas que expresándose en euskera formaban parte del  Reino de Pamplona. Como queda comprobado en el texto de Aimeric Picaud y en las leyes navarras de la época. Más teniendo en cuenta que el citado texto hace referencia al tiempo de Alfonso I el Batallador, Rey de Pamplona y de Aragón, por lo que el sentido que le da al apelativo navarro es por un lado diferenciarlo de los vascones del norte del Pirineo que quiere englobarlos en Gascuña, y por otro de los aragoneses y de los castellanos, o sea, de las  gentes que dependían de otros poderes políticos.

Los navarros hasta 1.160 eran los vascohablantes habitantes naturales del Reino y a partir de entonces se produce su generalización a todas las personas que  viven en Navarra, cuya territorialidad comprende hasta donde llega la jurisdicción real, sin distinción de orígenes ni de lenguas. En los siglos  medievales bajo la influencia del pensamiento de los canonistas y legistas se esbozan conceptos jurídico-políticos: patria, nación, pueblo, república, universitas, reino, soberanía, etc. que tendrán una trascendencia decisiva en el inicio de la  conformación en el siglo XII de los Estados europeos.

Por otro lado, nos interesa saber si quizás el principal hecho constitutivo de la sociedad política navarra se halla en la solemne restauración del Reino en 1.134, en la Catedral de Pamplona, mediante  alzamiento sobre el pavés de Garcia Ramírez ante los eclesiásticos, nobles, burgueses y todo el pueblo, con especial mención de Pamplona, Nájera, Alava, Vizcaya y Tudela. Territorios donde habitaban los navarros. El Príncipe de Viana en su  “Crónica de los Reyes de Navarra”, como el resto de los historiadores,  recuerda que Castilla arrebató los territorios  navarros de Alava, Guiypúzcoa, Vizcaya y Nájera.

A este respecto, resulta asumida por los tratadistas la  distinción formulada por Ferdinand Tönnies entre la comunidad cultural y la sociedad política. Dicho de otra manera: entre el paradigma objetivo, que  viene determinado por la esencia cultural de la comunidad, o nación cultural, y el paradigma subjetivo, de la voluntad social, o sociedad política, que se configura en la nación política. En el caso navarro la mencionada dicotomia, sujeta a la evolución de los tiempos, es una realidad, como se demuestra con algunos ejemplos:

1º.- El escritor renacentista Pedro de Labrit, 1.495-1.567, hijo natural del Rey de Navarra Juan de Labrit, , en su obra “Diálogos” afirma: “me obligan la amistad y la patria: la cual inclina -más que otras- a amarse y honrarse a los nacidos en ella y así les obliga a la honra y fama que como ella se intitula Cantabria (en el siglo XVI así se llamaba literariamente a Vasconia) la no vencida… pues V.M. lleva el primado, en nuestros tiempos, … a mi toca -como hijo del príncipe de ella- darle en su nombre las gracias …”. Lo que demuestra  que en el ámbito de la Monarquía navarra no era ajena  la idea de ser  el Reino por antonomasia del  pueblo vasco.

2º.- El escritor navarro Bernard de Etxepare en su obra “Linguae vasconum primitiae”, se dirige al jurisconsulto del Rey de Navarra, Bernard Lehete, afirmando que “como caballero noble y nativo, estimáis, ensalzáis y honráis el euskara” y pidiéndole que publique el primer libro en dicha lengua al igual que lo hacen las restantes naciones. Aquí observamos una normal sintonía entre la comunidad cultural y  la nación política. El también escritor Joanes Leizarraga, con el patrocinio y apoyo inequívoco de la Corona de Navarra traduce y publica el Nuevo Testamento en euskera “Testamentu berria”, en cuya obra se pretende poner a cabo una iniciativa navarra de unificación lingüística para que sea lengua escrita y de cultura.

3º.- Oihenart, Magistrado del Parlamento de Navarra en su “Notitia utriusque Vasconiae, tum Ibericae, tum Aquitanicae” de 1.638, descubre la comunidad cultural de Vasconia como unidad, precisamente tras la grave crisis en la que la nación política se había visto privada de su soberanía al entrar el ejército francés en la Baja Navarra y Bearne y dictar Luis XIII el Decreto de la Unión. El  anterior  influyó en Moret, Cronista Oficial del Reino de Navarra, encargado por las Cortes para redactar la Historia de Navarra, precisamente recordando la memoria nacional cuando ya se había pérdido la soberanía política.

4º.- La Asociación Euskara de Navarra (1.878-1.883) refleja esta convicción bifronte de la nacionalidad: el Reino de Navarra es la construcción política y Euskal Herria la comunidad cultural. La estrategia para el renacimiento de Navarra la plantean fundamentalmente en dos direcciones complementarias e inseparables: la salvación de la lengua y la recuperación de la constitución política. Los intelectuales navarros Sagaseta de Ilurdoz, Olave, Iturralde y Suit, Olóriz,  Campión,  Oroz Zabaleta y otros, tienen presente la doble realidad de la comunidad cultural y la sociedad política que se sintetizan en la estatalidad navarra. La nación política navarra y la nación cultural euskal herria, pues ambas, nación política y nación cultural, Navarra y Euskal Herria, son dos caras de la misma moneda.

El reencuentro entre comunidad cultural y sociedad política en Navarra, como ha ocurrido en la mayoría de los países, superando el estéril divorcio, o lo que es peor el síndrome cainita, daría la estabilidad y serenidad necesarias, que posibilitarían la  profundización  democrática indispensable para el futuro de una sociedad moderna y plural, con un efecto sin duda multiplicador en la energía social y económica que haría frente con éxito a los retos actuales y a los  que se avecinan en el inmediato porvenir.

Tomás Urzainqui Mina