Francisco Salinas Quijada

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Contamos en Navarra con un código de derecho civil propio, “la Compilación del Derecho Civil Foral de Navarra”, pero no siempre fue así. Se lo debemos a un esforzado grupo de juristas navarros que durante el segundo tercio del pasado siglo XX, por medio de su callado y eficaz trabajo de estudio e investigación, sacaron a nuestro Derecho de la postración a la que había sido sometido a partir de 1512 y especialmente de la oscuridad en que se hallaba desde 1841 –debido al desmantelamiento de las Cortes y de los Tribunales de justicia navarros- y consiguieron ampliar su conocimiento y además ponerlo limpio y claro para la ciencia jurídica, la práctica cotidiana de las relaciones jurídicas entre los navarros y la aplicación por los tribunales. Ahora, acabamos de perder al último de aquellos hombres de leyes, reunidos en torno a la figura de Juan Santa María Ansa, entre los que se hallaban José Joaquín Montoro Sagasti, Luis Oroz Zabaleta, Eugenio Fernández Asiain y el propio Francisco Salinas Quijada que ha fallecido a la edad de 91 años y fue superviviente a todos ellos.

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Indice

1.- Introducción
2.- Formación:
2.1.- La Casa troncal
2.2.- El bachillerato
2.3.- La carrera de Derecho
2.4.- El Doctorado y la tesis
3.- Jurista navarro:
3.1.- Abogacía
3.2.-Consejo de Estudios de Derecho Navarro
3.3.- Compilación
3.4.- Investigador y exégeta
3.5.- Académico y Publicista
4.- Pensamiento y acción
4.1.- Creyente y practicante
4.2.- Humanista
4.3.- Foral
5.- Momentos memorables
6.- Bibliografía

BIOGRAFIA DE D. FRANCISCO SALINAS QUIJADA

PREMIO MANUEL LEKUONA,AÑO 1.993

Por TOMAS URZAINQUI MINA

 

1.-Introducción

Que, porqué acepto gustoso el encargo que desde la Dirección de Eusko Ikaskuntza se me hace de escribir esta biografía. En primer lugar por mi compromiso de jurista, modestamente considero que biografiar a Francisco Salinas  supone una aportación necesaria para el mejor  conocimiento del estado del Sistema Jurídico de Navarra a lo largo del siglo XX. El seguimiento de este interesante período a través de la intensa vida y prolífica obra científica de un jurista profesional, -resultando uno de los  que más obra publicada tiene de todos los tiempos en el ámbito de lo que el Magistrado del Parlamento de Navarra, Oihenart, en 1.638, llamaba Toda  Vasconia-,  reúne sobrados ingredientes para que el intento merezca la pena.

Ha sido una época en la que los juristas navarros, y entre ellos de manera especial Francisco Salinas, tuvieron que hacerse cargo de un Derecho positivo, maltrecho como consecuencia de los durísimos avatares que padeció Navarra, singularmente el desmantelamiento Institucional, durante el siglo anterior, y hacerlo operativo con grandes dificultades durante un siglo como el que estamos terminando de fortísimas presiones, que resultan particularmente  alienadoras, desistitucionalizadoras y uniformizadoras, en el campo jurídico navarro. De ahí  que Francisco, por sus múltiples obras y  por su exhaustivo Tratado del Derecho Civil de Navarra en diez volúmenes, se haya convertido en  imprescindible a todos los profesionales del Derecho en Navarra. Siempre Francisco se ha considerado “ius privatista”, sin embargo, toda su obra, como no podía ser de otra manera, se halla también inmersa en el derecho público. Todavía más si cabe porque la “summa divisio” entre derecho privado/público no es muy útil en el Sistema Jurídico de Navarra, donde en sus principios intrínsecos el interés individual se entrecruza con el interés público y ello queda plasmado desde la costumbre hasta el Derecho político, incluyendo la Ley.  Definimos la democracia “no como el triunfo de lo universal sobre los particularismos, sino como el conjunto de garantías institucionales que permiten combinar la unidad de la razón instrumental con la diversidad de las minorías, el intercambio con la libertad. La democracia es una política de reconocimiento del otro” en palabras de Alain Touraine, citando a Charles Taylor. Hay quienes con gran desconocimiento pretenden calificar al Derecho foral de desnormativizador y antiformalista, cuando precisamente nos hallamos ante un Derecho positivo maduro y dentro de la coherencia del propio sistema jurídico, formalista;  a través de la costumbre todo el pueblo es en buena medida legislador, como queda reflejado en la obra de Francisco. Es un Derecho en permanente regeneración y vitalidad, no es estático sino dinámico.

Pero hay más, una  amistad, que se ha ido tejiendo en los últimos quince años. Conexión en la que buena parte tuvo un denominador común a saber: el amor a Navarra, y más específicamente el amor a su Derecho, pues coincidimos en entenderlo como el alma de la colectividad humana, o mejor dicho como lo definió el Fuero, llamado Antiguo, en 1.234, transcribiendo convicciones anteriores, de “todo el pueblo de Navarra”,  que constituyó el Estado o Reino europeo de Navarra, con proyección constitucional permanentemente integradora y regenerada hacia el futuro. Francisco tiene en sus manos por méritos propios el testigo de la milenaria cadena de juristas que han ido recopilando el Derecho que este pueblo continuamente va creando.

Convencido por vínculos tan poderosos, pero que no me van a sacar de la objetividad, he llevado a efecto la labor de forma muy sinóptica, porque el margen editorial así me lo exigía. Esta labor de síntesis ha sido el mayor inconveniente para llegar a colmar, al menos esquemáticamente, la personalidad del biografiado, del exámen de sus trabajos y del fruto de largas conversaciones con él. Biografía que  la ordenamos en tres apartados: periodo de formación, el jurista y su pensamiento, lo que se complementa con fotos de momentos memorables y la bibliografía.