Arquitectura formol

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En el vacío vacacional del 3 de Agosto de 1.998, Moneo ha presentado su proyecto de Archivo. Ya el 3 de Diciembre de 1.994, los medios de comunicación recogían a toda plana la demolición masiva, iniciada el día anterior, del Palacio Real de Pamplona, también se aprovechó el período festivo del llamado puente foral de San Saturnino y San Fco. Javier. Para Moneo allí no había un Palacio Real sino un solar para que él construyera el Archivo.

Ha dejado en pie sólo los muros de parte de lo que fue el Palacio Real, construido por el Rey de Navarra Sancho el Sabio en el siglo XII. Ha hecho desaparecer  prácticamente todo lo construido en los ochocientos años que van desde entonces hasta hoy, con la excepción de los pilares que sustentaban la galería.

El Palacio, en su conjunto, tenía desde 1.976 la protección que se da a los Monumentos Históricos y hoy a los Bienes de Interés Cultural. No ha servido de nada. Los Catedráticos de arquitectura pamploneses, Iñiguez y Ustarroz, redactaron en 1.986 un proyecto de rehabilitación del Palacio Real para Archivo de Navarra, que no sólo respetaba el Monumento, sino que lo restauraba, conservándolo, de manera al parecer insoportable  para quienes Navarra no pasa de ser una antigualla de museo. A estos últimos se les apareció el Arquitecto estrella, que sin la aparente  necesidad de someterse al preceptivo concurso entre arquitectos especialistas en patrimonio histórico artístico, que es lo normal  en estos casos, les permitió dar cobertura a una decisión  política frontalmente contraria al Patrimonio de Navarra y a la normativa vigente que lo protege.

La actuación que criticamos no admite comparación alguna con las que se vertieron en la presentación. La del Archivo de Indias de Sevilla, al pretender el  Presidente, quizás mal asesorado, comparar el archivo relicario de un Imperio ultramarino,   “donde nunca se ponía el sol”, con el Archivo de Navarra, que es el de una nación europea sin imperio pero viva, pues según Herder, para respetar sus derechos no hay naciones grandes ni pequeñas.

La metáfora del “Arca de Noé o Torre de Babel de la Historia de Navarra”, empleada por el arquitecto Moneo descubre la intencionalidad  de entender a Navarra como algo del pasado, no como la cultura de un pueblo vivo. La calificación al edificio destinado a albergar los documentos, como “torre del homenaje” del palacio o “ciudadela”, denotan una versión feudalizante, carácter que jamás tuvo el Palacio Real de Pamplona, con lo que se pretende dar una idea de alejamiento de los ciudadanos, manipulando la realidad histórica del Palacio y el verdadero contenido jurídico-político de las instituciones del Estado navarro, que albergó y de las que es su símbolo. Apreciación de algo muerto, que se acentúa cuando lo describe como “un cementerio pétreo en el que duermen todos los fondos, protegidos de la vida actual por un patio acristalado”.

Ante  los hechos consumados, podemos pensar que siempre a toda persona se le debe reconocer el derecho a una inteligente rectificación. Pero la realidad nos enfrenta a un Monumento, generación tras generación, repleto de vivencias colectivas, hasta la actualidad de estos aciagos cuatro últimos años, en que ha sido convertido de la noche a la mañana en unos descarnados muñones de piedra, que en la práctica resulta una declaración, en toda regla, de muerte al símbolo del Patrimonio vivo de un pueblo. Matar a un ser vivo para sumergirlo en formol no es darle vida.

Tomás Urzainqui Mina