La Navarra marítima

293

      La Navarra marítima se ha convertido ya en referencia obligada para conocer la historia de Navarra desde la mirada de quienes la defendieron frente a las conquistas y usurpaciones impuestas. Un libro que rescata la historia que ocultan y tergiversan quienes siguen defendiendo la violencia de la conquista castellana y el sometimiento impuesto, bajo la mentira de una “feliz unión»; y también de quienes, siervos de Castilla durante siglos, siguen aceptando el «Pactismo» mientras obvian su estatalidad navarra.

      Apoyado en documentación original, como los fueros navarros de Durango, San Sebastián y Vitoria o el Laudo Arbitral de Enrique II de Inglaterra, constata el alcance y la entidad del Reino de Navarra como Estado europeo de todos los vascos.

Apoyado en documentación original

      Referencia obligada para conocer la historia de Navarra desde la mirada de quienes la defendieron frente a las conquistas y usurpaciones impuestas. Un libro que rescata la historia que ocultan y tergiversan quienes siguen defendiendo la violencia de la conquista castellana y el sometimiento impuesto.

Agradecimientos. Pág. 7
Juan Mª de Olaizola. IN MEMORIAM. Pág. 9
Prólogo a los diez años de la primera edición. Pág. 13
Prólogo a la tercera edición. Pág. 19
Introducción. Pág. 25

 

I. Viejos y nuevos errores historiográficos sobre Álava, Vizcaya y Guipúzcoa

  • I.1. En realidad nunca fueron territorios de por sí independientes. Pág. 27
  • I.2. No pertenecieron a Castilla. Pág. 30
  • I.3. La separación de Navarra no fue libre. Pág. 33
  • I.4. La unión a Castilla no fue libre. Pág. 36

II. Entrada en la Historia

  • II.1. Roma y los vascones. Pág. 39
  • II.2. Diferentes tribus. Pág. 40
  • II.3. Vasconia y los pueblos germánicos. Pág. 41
  • II.3. Surge el reino de Pamplona. Pág. 43

III. Los navarros son los vascos del reino de Pamplona

  • III.1. Son navarros. Pág. 45
  • III.2. Los navarros en el Codex Calixtinus. Pág. 51
  • III.3. Los tenentes navarros de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y La Rioja. Pág. 58
  • III.4. Otros testimonios sobre los navarros de la costa. Pág. 69

IV. Génesis del Estado navarro

  • IV.1. Crisis del reino de Pamplona. Pág. 71
  • IV.2. Restauración. Pág. 77
  • IV.3. Consolidación. Pág. 82
  • IV.4. Fueros navarros anteriores a 1200. Pág. 87

V. Territorialidad y pueblo del Reino europeo de Navarra

  • V.1. Creación de la denominación jurídico-política del territorio del regnum. Pág. 93
  • V.2. El concepto jurídico-político del populus. Pág. 94
  • V.3. Navarra un Reino europeo. Pág. 96

VI. Las fronteras de Navarra

  • VI.1. Las fronteras terrestres del reino de Pamplona. Fuentes musulmanas. Pág. 101
  • VI.2. Concordia de 1016 entre el reino de Pamplona y el Condado de Castilla. Pág. 102
  • VI.3. Pacto de Támara de 1127 donde se decide que tierras son del reino de Pamplona y que tierras son del Reino de Castilla. Pág. 104
  • VI.4. Fronteras de Navarra en 1200. Pág. 106
  • VI.5. Las costas del reino de Navarra. Pág. 108

VII. El Laudo Arbitral de Londres sobre las fronteras entre Navarra y Castilla

  • VII.1. Invasión castellana y acuerdo paralización hostilidades. Pág. 111
  • VII.2. Sometimiento de las diferencias a un laudo arbitral. Pág. 113
  • VII.3. Textos originales del Laudo. Pág. 116
  • VII.4. Principales argumentos de las partes. Pág. 152

VIII. El Derecho navarro

  • VIII.1. Singularidad del Derecho Pirenaico. Pág. 155
  • VIII.2. El Derecho Público. Pág. 157
  • VIII.3. El Derecho Privado. Pág. 158

IX. Fuero de Durango

  • IX.1. Vizcaya y Durango. Pág. 163
  • IX.2. Texto del Fuero de Durango. Pág. 165

X. Fuero de San Sebastián

  • X.1. San Sebastián de Hernani. Pág. 167
  • X.2. La villa franca, el puerto. Pág. 170
  • X.3. Derecho marítimo. Pág. 170
  • X.4. Texto del Fuero de San Sebastian. Pág. 175

XI. Fuero de Vitoria

  • XI.1. Álava. Pág. 179
  • XI.2. Fundación de Vitoria. Pág. 181
  • XI.3. Texto del Fuero de Vitoria. Pág. 183

XII. Importancia de la cultura en Navarra durante el primer renacimiento europeo

  • XII.1. Literatura, filosofía y ciencias. Pág. 185
  • XII.2. Las Biblias de Pamplona. Pág. 186
  • XII.3. Artes, Arquitectura civil y eclesiástica. Pág. 198
  • XII.4. El retablo de San Miguel in Excelsis en Aralar.  Pág. 200

XIII. Actividad de los puertos navarros

  • XIII.1. Baiona, San Sebastian, Hondarribia, Pasajes, Motrico, Orio, Guetaria, Hernani, Bera… Pág. 205
  • XIII.2. La pesca de la ballena. Pág. 212
  • XIII.3. Construcción naval. Pág. 216

XIV. Invasión y conquista por Castilla de la Navarra marítima

  • XIV.1. Invasión castellana de Navarra. Pág. 221
  • XIV.2. Versiones de los historiadores castellanos. Pág. 228
  • XIV.3. Injerencias del Papado. Pág. 230
  • XIV.4. Destrucción del sistema defensivo navarro. Pág. 233
  • XIV.5. Derrota de los castellanos en Laburdi. Pág. 235
  • XIV.6. Muerte de Sancho VII el Fuerte. Pág. 235

XV. La foralidad confirmada

  • XV.1. Confirmación de la foralidad navarra en el territorio conquistado. Pág. 237
  • XV.2. La provincia, o territorio histórico, su origen. Pág. 249
  • XV.3. Foralidad navarra o vascongada. Pág. 252

XVI. La recuperación de la integridad territorial

  • XVI.1. Simulacros de retirada y devolución. Pág. 259
  • XVI.2. Liberación de Álava, Guipúzcoa y parte de La Rioja. Pág. 263
  • XVI.3. Ocupación de Navarra en 1512 por Fernando el Católico e intentos de reconquista. Pág. 265
  • XVI.4. Fuenterrabía e Irún se reincoporan a Navarra. Pág. 296

Epílogo

  • 1. El porqué ocurrió esto. Pág. 301
  • 2. El inicio de la pérdida de la independencia. Pág. 305
  • 3. Acerca del denominado «Pacto político». Pág. 307
  • 4. La estatalidad navarra. Pág. 309
  • 5. Comunidad cultural y sociedad política. Pág. 311

Notas Pág. 315
Fuentes documentales y bibliográficas. Pág. 323
Addenda

  • Fuero de Durango. Pág. 337
  • Fuero de San Sebastián. Pág. 353
  • Fuero de Vitoria. Pág. 371

Índice onomástico. Pág. 379
Índice toponímico. Pág. 389
Autores. Datos biográficos. Pág. 401

Introducción

      Este libro se ha realizado utilizando fuentes documentales primarias, aunque la consecución de algunas de ellas haya supuesto vencer más de una dificultad. Asimismo, en los textos latinos se han hecho las traducciones directamente de los originales, previas las transcripciones pertinentes.

      Se ha buscado trabajar sobre fuentes centrales, como por ejemplo las que cubren un periodo crucial a lo largo de todo el siglo XII, especialmente con siete documentos originales en latín: tres de índole legal (los fueros de Durango, San Sebastián y Vitoria), una descriptiva de viajero (Codex Calixtinus de Aimeric Picaud), una de geografía política existente en el Museo Británico (límites costeros de los Países desde el Mar del Norte hasta Italia en 1190), un tratado y un laudo arbitral internacionales. Además de otros textos citados total o parcialmente, que dan luz sobre el tema. En particular, desde la época del reino de Pamplona y Aragón con Alfonso I el Batallador, pasando por la restauración del Reino de los navarros o de Navarra en 1134 por García Ramírez, su consolidación interior y exterior por Sancho VI el Sabio (1150-1194) y la invasión castellana y defensa por Sancho VII el Fuerte (1194-1234).

      Las Fuentes bibliográficas son numerosas. Los considerados pilares documentales son reproducidos en su integridad dada su enorme riqueza, pues su análisis nos muestra la organización política y jurídica de la sociedad navarra costera, pasando por las relaciones internacionales, el derecho privado, la cultura, la economía, la navegación marítima, etc.

      Hemos tratado de sintetizar al máximo para ajustarnos a los objetivos que se propone la colección en la que se incluye este libro, sobre todo su carácter de divulgación científica, tratando de acercarse a un público más amplio que el de los reducidos círculos especializados. Con esa intención, se presenta una panorámica suficiente para demostrar la realidad incuestionable de la Navarra marítima.

      Este libro puede cumplir el papel de acicate para otras futuras publicaciones que desarrollen y profundicen en los diversos aspectos que aquí se plantean. Se abren direcciones casi inéditas para la investigación y, sobre todo, para el análisis de la formación nacional en este territorio.

      Se pretende que el tema planteado sirva, también, para relanzar el estudio sobre la Historia Política de Navarra, redescubrir los firmes vestigios de la existencia del Estado nacional de los vascos, y lograr un cambio de rumbo.

A los diez años de la primera edición

      Difundir la verdad de lo que le ha ocurrido a este pueblo es el mejor antídoto contra su subordinación y frente a la mentira sistemática que intenta ocultarla. Un sometimiento que los eufemismos políticos edulcoran con los nombres de regionalismo, autonomismo, estatutismo o provincialismo, para conseguir que nada es lo que parece.

      Buena parte de los historiadores entienden y reconocen la existencia de una historiografía propia de cada sociedad. Para Luhman:

  • «todo lo que es tiene una historia que dura lo que dura su ser, pues aquella asegura de antemano el enlace entre los diversos componentes sociales, mediante la apelación a un sujeto que otorga unidad al proceso histórico, es decir, al tiempo mismo de una sociedad entendida con mayúsculas».

      Jacques Heers (Le Moyen Age, une imposture ,1992) o Paul Ricoeur (Le memoire, l´histoire, l´oubli, 2000), han tratado sobre el lastimoso papel de quienes se dejan llevar por «las ínfulas cientifistas de la historiografia», que a la postre se dirigen a apuntalar el modelo de «Estado gran-nacional» como si fuera la culminación del progreso humano.

      Existe el debate entre la historiografía navarra y las historiografías que niegan su existencia, la española y la francesa. Al menos desde Arnald Oihenart y José Moret Mendi, a comienzos del siglo XVII, siguiendo con Campión, Ortueta, Lacarra, Ubieto Arteta, Huici Goñi, Goñi Gaztambide, Narbaitz, Jimeno Jurio, etc., este País tiene una historiografía propia, que la gente considera suya, en contraposición a la ajena que es la «española», más bien castellana, de Mariana, Eduardo Hinojosa, Menéndez Pidal, Pérez Urbel, Sánchez Albornoz, Martín Duque, etc.

      Modestamente, nos sentimos continuadores de la historiografía navarra. Infinitamente más fiel a la historia –como se comprueba continuamente con las investigaciones realizadas– que la historiografía «española», que no es cuestionada con tanto ahínco por los autodenominados «historiadores académicos.

      El éxito editorial del libro La Navarra marítima, y el de otros que le han seguido, ha sido el verdadero motivo de su desagrado, sobre todo porque rebaten las imposturas y tergiversaciones de la historiografía «española» con respecto a los demás Estados peninsulares dominados, como Navarra. Los historiadores que no encontrábamos en la historiografía «oficial», y que vivimos la búsqueda de la verdad, tuvimos que echar mano de libros escondidos y de editoriales perseguidas. Y, por lo visto, algunos pretenden que así debe continuar.

      Quieren hacernos creer que el origen de los males que padecemos está en reivindicar la Navarra de todos los vascos. Los personificados síndromes, más o menos conyunturales (Del Burgo, Juan Cruz Alli, Jon Juaristi), que afectan a un cuerpo social dominado, no son las causas sino los síntomas. Pero, con los derechos humanos, la soberanía, la justicia, las libertades y la igualdad, no se juega, ni en broma.

     Para ciertos «neovascongados», los desprecios de los conquistadores y sus cómplices eran atinados; así, Aimeric Picaud (franco), Isidoro de Sevilla (godo), Nebrija (castellano), Julio II (papa)… acertaron plenamente: éramos violentos, herejes, incultos, salvajes. Viejos tópicos de nuevo en circulación para que el revisionismo bloquee cualquier proceso de emancipación. Que nadie se mueva.

      No quieren reconocer a esta sociedad vapuleada, subordinada en su soberanía, extorsionada en sus recursos económicos, sustituida en su cultura, negada en su historia y suplantada en su derecho. Los problemas que sufre se pueden resumir en la negación de su estatalidad, padeciendo por ello un sinfín de calamidades, como el genocidio de 1936 y la gigantesca manipulación de estos setenta últimos años. No se trata sólo de una lengua minorizada, ni sólo de una Nación sin Estado, al contrario, Navarra (Euskal Herria) es un Estado hibernado bajo el dominio de los Estados español y francés.

      Las desgraciadas equivocaciones, causadas por las miserias humanas, no deben afectar definitivamente a los procesos de recuperación de la soberanía. Los pasos en el camino de las libertades y los derechos políticos están por encima de los errores individuales, de las triquiñuelas conspirativas, o de los antojos de las modas pasajeras. Hay quienes se adaptan a la situación presente en los campos más directamente socio-políticos, aunque conlleven la arbitraria partición territorial, la suplantación constitucional y estatutaria, el apartheid del euskara o la conculcación de los derechos lingüísticos, y a pesar de que resultan un grotesco atentado a las libertades,

      Si en Sudáfrica no hubiera existido dominación y apartheid, no habrían surgido Botha ni Mandela, o en Irlanda del Norte, Jan Pasley ni Jerri Adams. Vuelve a oírse la vieja cantinela, según la cual la culpa la tienen los propios sufridores, ya fueren los irlandeses, los negros de Sudáfrica, o los navarros, en nuestro caso.

      Esta sociedad, en toda su amplitud y complejidad, es diferente a la española y a la francesa, lo que se plasma en el conjunto de sus manifestaciones, que conforman la sociedad política estatal que se denomina Navarra. Por eso se llama Navarra a la sociedad política y Euskal Herria a la comunidad cultural, pues todos los vascos somos navarros.

      Nos encontramos, en el interior de este País, fundamentalmente con dos singulares polos de influencias ideológicas, el de los «neovascongados» y el de los «pseudonavarristas». Se niegan mutuamente su existencia, pero paradójicamente, ambos están de espaldas a la realidad de esta sociedad plural y diferenciada. Si unos hasta se oponen a la existencia de la común sociedad política-estatal-navarra, los otros, además, reniegan del euskara como lengua propia, consintiendo que se recorten los derechos lingüísticos de los ciudadanos. La ley de minorización de esta sociedad es la siguiente: a menos Navarra menos Euskal Herria y a menos euskara menos Navarra.

      Contemplar la situación que ahora padecemos como inevitable, es ignorar que en los últimos mil quinientos años, desde la época de Roma, se tendieron redes vivas y cambiantes de relaciones políticas en el tablero de ajedrez europeo, que tuvieron altibajos, pero que dentro de esas redes todavía estamos. Es decir, somos sujetos activos y no sólo objetos pasivos, aunque no seamos del todo conscientes de ello.

      Durante setecientos años, del siglo VI al XII, nuestro ámbito territorial, la Europa transpirenaica, mantuvo su poder político directamente continuado del de la época anterior a la caída de Roma en el año 475. Durante esos siete siglos Vasconia, formada por la Aquitania novempopulana y buena parte de la Tarraconense, constituyó un núcleo de decisión geopolítica de primer orden que miraba de tú a tú a los nuevos poderes de origen germánico implantados en la Europa occidental.

      Entre el siglo XIII y el XIX se desarrolla otra larga etapa, que comienza con la conquista por Castilla de la Navarra marítima en 1200 y la invasión de Occitania por Francia en 1212, sigue con la dominación de la Alta Navarra en 1512 y de la Baja Navarra en 1620, y concluye con el desmantelamiento de las instituciones del sistema jurídico estatal navarro: en Gascuña y Navarra continental el año 1789, en la Alta Navarra en 1841 y en la Navarra marítima en 1876.

      Los dos últimos siglos, XIX y XX, son los de dominación y subordinación más grave. Pero Navarra (Euskal Herria), como el resto de Estados nación del mundo, es una comunidad cultural y a la vez una sociedad política, con la misma gente de carne y hueso. Son dos aspectos indisociables de una realidad plural, política y cultural, al igual que Irlanda, Portugal, Sudáfrica, Cataluña u Holanda.

      El pueblo, sí que ha sido el principal actor de la resistencia y siempre ha demostrado que existía, como lo prueba la concentración voluntaria de miles de jóvenes navarros en Bearne en el verano de 1512, bajo el mando del mariscal Pedro de Navarra; claro testimonio de la voluntad popular de luchar contra el conquistador. El primer contragolpe se produjo en Mongelos donde, según el cronista castellano Correa, los castellanos tuvieron más de doscientas bajas, lo que obligó al Duque de Alba a retroceder y refugiarse dentro de las murallas de Pamplona, evitando así que fuese liberada por los navarros. En esta batalla por Pamplona, en noviembre de 1512, el citado cronista presente en la misma, dice que al entrar en combate desde un bando se gritaba «Navarra» y desde el otro «Castilla», «España».

      El pueblo navarro/euskaldun creyó en su futuro y muchos son los ejemplos de que luchó desesperadamente por defenderlo. Basta la lectura de la documentación aportada por Pedro Esarte en su libro sobre la conquista y sometimiento posterior, para darse cuenta de la enorme y prolongada tragedia padecida.

      Los vascos no podemos ver a Navarra «desde la muga» o «desde el burladero», porque Navarra somos todos. Es preciso el permanente conocimiento de las dos caras de nuestra realidad, la sociedad política y la comunidad cultural. En nuestro caso Navarra y Euskal Herria. Los derechos lingüísticos, si no son parte de los derechos humanos y políticos de esta sociedad concreta, pierden sentido.

      La Navarra marítima y su mensaje gozan de buena salud, como lo demuestra que, después de diez años, se sigan haciendo nuevas ediciones. Crecen el número de autores y de libros publicados sobre la realidad social, política, territorial y estatal de Navarra. Lo que se ve reflejado en otras manifestaciones de la vida social en toda Euskal Herria, y en actos de la máxima significación. Así en el Parlamento Europeo de Estrasburgo, el día 25 de octubre de 2006 se dejó constancia, aunque parcialmente, de que el tema de Navarra (Euskal Herria) no es una cuestión lingüística, cultural o étnica, sino la consecuencia de un largo conflicto interno europeo e interestatal, con España y Francia, y cuyos efectos salpican a todos los europeos, pero especialmente a la negada y subordinada sociedad navarra/vasca y de rebote también a las sociedades dominantes, la española y la francesa.

      El gran impacto de esta obra, tanto en ventas como en la amplia influencia que su contenido está teniendo, radica, al parecer, de un lado, en el acierto de descubrir a la sociedad -negada y subordinada- el universo ocultado de su propia nación navarra, y de otro, en la solidez de la arquitectura histórica que expone a la luz.

      Los efectos de su difusión han sido múltiples, empezando por que, al proporcionar una veraz argumentación, demuestra la existencia de la realidad sociopolítica y jurídica de la estatalidad, territorialidad y soberanía navarras del conjunto de los vascos. Así como el derrumbe de la negación, que los Estados de España y Francia, han urdido sobre el Estado de Navarra, al que han depredado concienzudamente y se han repartido, de forma unas veces violenta sin paliativos y otras con mendaces sutilezas.

      Han seguido títulos que van completando el panorama, así en orden de aparición: La voluntaria conquista; La recuperación del Estado propio; Navarra, sin ronteras impuestas; Navarra, Estado europeo y Soberanía o subordinación. En preparación otros dos, sobre la Estatalidad y el Derecho de esta sociedad.

Pamplona-Iruña, 30 de marzo de 2007

Prólogo a la tercera edición

      Este prólogo a la tercera edición, motivado por la buena acogida del libro apenas transcurridos seis meses de su aparición, es una nueva oportunidad para hacer algunos comentarios, aunque sea brevemente, en relación con su contenido.

      La Navarra marítima, calificación real y cierta, emerge imparable para retirar un gran telón deliberada y tenazmente tejido, tras el que se ocultaba que tan navarros eran los de San Sebastián, Durango y Vitoria como los de Estella, Pamplona, Tudela y Baigorri.

      El nombre de ‘navarros’ referido a los habitantes del reino de Pamplona –incluidos los pertenecientes a las actuales Álava, Bizkaia y Gipuzkoa– se constata clarísimamente en la Historia durante los siglos X, XI y XII, pero también en el Derecho. Éste nos muestra un sistema jurídico –del que la foralidad es un vestigio–, además de la unidad cultural y lingüística, y, por encima de todo, la constitución de un Estado europeo propio: el reino de Navarra. Una pléyade de autores han sostenido esta realidad de la nación política, entre otros muchos, Ohienart, Moret, Iturralde, Campion, Oloriz, Olave, Irujo y Ortueta, especialmente éste último, Anacleto Ortueta Azkuenaga. En toda su obra, y particularmente en su libro Navarra y la unidad política vasca (Barcelona, 1935), constata la trascendencia política que tiene la existencia del Estado navarro.

      Se han escondido meticulosamente las acciones de la sistemática conquista, ocupación, alienación y asimilación premeditadas, no siendo de recibo los planteamientos justificativos de todo ello.

      El símbolo político de la bandera roja con el carbunclo dorado de Navarra, al contrario de lo sostenido equivocadamente durante tiempo, pertenece al conjunto de los territorios navarros, como lo demuestra su representación gráfica antes de la batalla de las Navas de Tolosa y durante el siglo anterior a la conquista de la Navarra occidental, o marítima, por Castilla en 1200. La figura representa, como elemento constante, una estructura estrellada de ocho brazos con una piedra preciosa en el centro, o carbunclo. Tiene como variantes los extremos flordelisados, los círculoso los eslabones, unidos por barras, bandas o simplemente cadenas –el conjunto pudiera reflejar de forma esquematizada ideogramas de representación solar–. En cualquier caso, en lo fundamental, la representación estética permanece invariable durante más de novecientos años.

      El escritor castellano Correa, al describir la escena del contraataque de los navarros en Pamplona tras la invasión de 1512 –que gritaban «¡Navarra!» frente a los castellanos y sus aliados que gritaban «¡España!, ¡Castilla!»–, informa cómo los primeros marchaban tras una «bandera colorada con ciertas bandas de oro en ella», quedando en el campo de batalla cien de ellos muertos alrededor de dicha enseña. Por todo ello, la colocación de la bandera roja de Navarra con sus barras doradas se deberia extender paulatinamente en los centros oficiales de Euskal Herria, como símbolo de su verdadero Estado nacional.

      Ciertos escritores dados a «historiar» llevan siglos entregados a desacreditar todo aquello que en tiempo pasado les resulte incómodo con su ideal de Estado gran‑nacional, todo lo que les parezca ajeno a su concepción de «progreso». Estos autores han escrito la historia oficial, que todavía se impone en la educación y en la política, hasta representar el reverso de la realidad, robándonos la memoria de nuestra Historia, imprescindible para desarrollar ciudadanos libres.

      En resumen, las tesis del libro que pueden resultar más sobresalientes son las que siguen:

  • ß Los territorios de las actuales Álava, Gipuzkoa y Bizkaia nunca fueron independientes de por sí, sino como navarros. Larramendi, Arana y otros, al objeto de sustentar diferentes tesis político‑pactistas defendieron una supuesta independencia originaria de los citados territorios.

      Por el contrario, algunos autores defienden la pertenencia de los mismos a Castilla, equivocadamente. La separación del resto de Navarra no fue libre. Tampoco la unión a Castilla fue libre; no hubo ni pacto, ni adhesión, ni anexión, sino conquista, ocupación y sometimiento.

  • ß Los navarros son los vascos del reino de Pamplona. ‘Navarro’ es ante todo un concepto jurídico‑político. En el Codex Calixtinus se denomina navarros a los habitantes de Álava y Vizcaya. En el Fuero de San Sebastián se llama navarros a los naturales del territorio. Como se manifiesta en las alegaciones al Laudo Arbitral de Londres de 1177, son Navarra por «la fidelidad probada de sus moradores naturales». A partir de la conquista del año 1200 reivindicar ser navarro en los territorios conquistados era castigado como alta traición por el rey de Castilla.
  • ß Desde el año 1160 el conjunto de los territorios se denomina Navarra, dejándose de enumerar los comprendidos en ella, como era costumbre hasta entonces.
  • ß El escudo de Navarra (con el carbunclo flordelisado o las barras, lisas o pomeladas), es el legítimo en los territorios de la actual Comunidad Autónoma Vasca. El símbolo político de Navarra era el de los territorios conquistados en 1200 por Castilla, pues dicho escudo aparece reflejado con varias décadas de antelación a la citada conquista, dando fe de ello La Biblia de Pamplona, la representación de San Miguel en Estella o la portada de la catedral de Chartres.

      Sus territorios se hallaban dentro de las fronteras internacionales de Navarra. Así lo acreditan las fuentes musulmanas, la concordia del año 1016 entre el rey Sancho III el Mayor y el conde de Castilla, el pacto de Tamara de 1127 entre el rey de Pamplona y Aragón Alfonso I el Batallador y Alfonso VII de Castilla o el Arbitraje de Londres de 1177 otorgado por el rey de Inglaterra Enrique II entre el rey de Navarra Sancho VI el Sabio y el rey de Castilla Alfonso VIII. Es precisamente en la quiebra de la territorialidad de Navarra por parte de Castilla y de Francia, donde está el origen del conflicto histórico que enfrenta a España y Francia con Euskalerria.

    • ß El Derecho de estos territorios de la Navarra marítima es el Derecho navarro, el cual pertenece por antonomasia al Derecho pirenaico. Tanto el Derecho público como el Derecho privado son originariamente Derecho navarro. Los reyes de Castilla confirmaron los Fueros navarros al objeto de obtener la sumisión de los dominados, aunque más tarde intentaron por todos los medios suplantar dicho Derecho por el de Castilla, con menores o mayores resultados.
    • ß El Derecho marítimo navarro, con el Fuero de San Sebastián, es de los más antiguos de Europa, contemporáneo al rol de Olorón inglés de 1152 y anterior al Llibre del Consulat del Mar y Ordenanzas de Barcelona de 1258.
    • ß Navarra participa en el renacimiento europeo del siglo XII como un foco cultural notable por sus traductores, escritores y artistas, así como por su contribución al arte románico.
    • ß Los puertos navarros participan en el resurgir de la actividad naval europea de los siglos XI y XII, comerciando en el mar del Norte y en el Mediterráneo; así lo acreditan el documento de la ciudad hanseática de Brujas, de 1200, y la presencia de comerciantes navarros en el mercado de Alejandría en 1170, segun constata Benjamín de Tudela. La caza de la ballena fue una especialidad de los puertos navarros, cuya grasa se vendía en Europa. La construcción naval alcanzó importantes avances técnicos, como el timón de codaste, también llamado «a la navarresa» o «a la bayonesa».
    • ß La pérdida de la independencia se inició en 1200. Irlanda fue invadida el 17 de octubre de 1171 y los ingleses consideran que se hizo por motivos económicos, no tan diferentes de los castellanos, aunque no quieran reconocerlo. Los historiadores castellanos confirman que la pérdida de la independencia de la Navarra occidental fue por conquista militar. Las injerencias del Papado fueron constantes en los momentos álgidos del enfrentamiento con Castilla, inclinándose siempre a favor de los intereses de esta última. La conquista se realizó con la efectiva destrucción del sistema defensivo navarro, demoliendo e inutilizando sus fortificaciones. Tras la conquista, los tribunales de justicia dependen de los de Valladolid, el ejército de ocupación permanente es castellano y los funcionarios judiciales, gubernativos y militares, como los corregidores, son castellanos.
    • ß José Antonio Aguirre Lekube valoró la patriótica resistencia de la ciudad de Vitoria al asedio castellano durante nueve meses (1199‑1200), como una aportación trascendental del reino de Navarra a la geopolítica europea, al impedir al ejército castellano sus pretensiones de extender el imperio español a Aquitania.
    • ß El 16 de agosto de 1212 Alfonso VIII de Castilla, desde Burgos, decretó sustituir la soberanía en San Sebastián, que la tenía Sancho VI rey de Navarra in regno suo. (En lo fundamental, es la misma fórmula que empleará Fernando el Católico respecto a Pamplona, en su decreto fechado en Burgos el 4 de agosto de 1512.) Sin embargo, en un primer momento, confırmó y extendió la foralidad navarra en los territorios conquistados. El conquistador y ocupante buscaba la desmovilización y sometimiento, dando pie al engaño del llamado «pacto político». Los derechos confırmados constituyen retazos importantes de la estatalidad navarra. A la pregunta de si nos encontramos ante una foralidad navarra o vascongada, los hechos demuestran que lo vascongado camufla lo navarro para contentar a Castilla y su Estado sucesor.
    • ß Las Hermandades, instituciones castellanas durante la segunda mitad del siglo XIV, son también implantadas en los territorios de la Navarra occidental. El temor de la Cofradía de Arriaga le llevó a aceptar el llamado «pacto de voluntaria entrega», sustituyendo en 1332 sus Fueros por el Fuero de las Leyes –que en realidad es el Fuero Real de Castilla– y por el Ordenamiento de Alcalá. El territorio de Vizcaya fue enfeudado como patrimonio señorial de los López de Haro desde la conquista en 1200 hasta 1379, en que se funde el patrimonio señorial con la soberanía del monarca castellano. En 1348 se implanta en Guipúzcoa el Ordenamiento de Alcalá, conformándose como una merindad castellana. La Ordenanza de la Hermandad de Guipúzcoa fue promulgada por el rey de Castilla Enrique II el 20 de diciembre de 1375. Las Ordenanzas de Getaria fueron promulgadas por el rey de Castilla en julio de 1437. Guipúzcoa fue constituida como «provincia» en 1696, pues hasta entonces era «tierra de Guipúzcoa».
    • ß La unidad territorial de Navarra fue recuperada en algunos momentos. Hubo simulacros de devolución que se reflejan expresamente en el testamento de Alfonso VIII, publicado por el P. Fita; en los acuerdos de Sancho VII el Fuerte con Fernando III el Santo de Castilla; en los tratados de Teobaldo II de Navarra con Alfonso X el Sabio de Castilla; en los de Enrique I de Navarra con el Infante Felipe de Castilla; y en el convenio de Carlos II rey de Navarra con el Concejo de Fuenterrabía. Sí que hubo una liberación efectiva entre los años 1368 y 1373 como consecuencia del Tratado de Libourne, gracias al interés del rey Carlos II de Navarra. En el año 1460 la Sonsierra, cuya capital es Laguardia, hoy denominada ‘Rioja alavesa’, fue arrebatada a Navarra por el rey de Castilla. Navarra liberó Fuenterrabia entre los años 1521 y 1524 como un episodio de la guerra iniciada en 1512 para recuperar la independencia contra la invasión por Castilla. Los alardes de Tolosa e Irún, así como lo referido a los cañones de Velate, hacen referencia a los enfrentamientos castellanos contra Navarra.
    • ß Además de lo expuesto, Fuenterrabia e Irún se reincorporaron por su cuenta a Navarra durante algunos años. Entre 1638 y 1655 Fuenterrabia no asistió a las Juntas Generales de Guipuzcoa. Ambas localidades se reincorporan a Navarra durante nueve años, de 1805 a 1814. El 21 de septiembre de 1936 concejales de los ayuntamientos de Fuentarrabía e Irun acudieron a Pamplona para solicitar la reincorporación a Navarra.
    • ß El Estado navarro es el sistema jurídico de Euskalerria. Las imposiciones de 1202 y 1515, como otras del mismo tenor, sustituyendo la soberanía de Navarra por la fuerza, son nulas de pleno derecho. Las disposiciones que desmantelan el sistema jurídico navarro en el siglo XIX son asímismo nulas. Todos son navarros en el ambito jurídico‑político. La recuperación del sistema jurídico y de la soberanía política no se improvisa, no surge de la nada. Navarra entera es un Estado europeo. Entre los estatutismos autonómicos y la recuperación plena de la soberanía política del Estado navarro entero hay un giro de ciento ochenta grados.

Septiembre de 1998

TOMÁS URZAINQUI MINA