Las banderas y las realidades negadas

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Entiendo que puede resultar difícil para algunos abrir los ojos y ver la realidad de esta nación conquistada. Pero lo que no tiene justificación alguna es la forzada descontextualización de recortes y la imputación errónea, que a pesar de todo quiero creer es fruto del desconocimiento y no de la manipulación insidiosa.

Lander Etxebarria Garitazelaia, navarro occidental, utiliza como pretexto ante los inicios de una recuperación que le inquieta, la de la Nafarroa Osoa, tres excusas: Sancho el Mayor, las Biblias de Pamplona y la bandera de Navarra. Etxebarria podía haber escogido otras cualquiera entre los cientos de temas de nuestro rico acervo histórico, pero él sabrá porqué lo ha hecho así.

Efectivamente, he participado en la comisión de seguimiento técnico con el llorado Manex Goienetxe y con José Ángel Lema Pueyo, por lo que conozco de cerca el perfecto trabajo de Roldán Jimeno Aranguren y Aitor Pescador Medrano sobre la documentación del reinado de Sancho el Mayor. Está a punto de salir el libro sobre el citado monarca euskaldun redactado por Manex Goienetxe, Roldán Jimeno, Aitor Pescador y yo mismo.

Antes de entrar en el fondo del artículo de Etxebarria, dedicado realmente a cuestionar a Navarra como la manifestación estatal de la cultura política de los vascos, voy a dedicarle unas líneas a las anécdotas sobre la Biblia de Pamplona, que tanto le sorprenden.

El artista, Ferrando Pérez de Funes, que dirigió y en su mayor parte dibujó la Biblia de Pamplona, fue secretario canciller del rey de Navarra Sancho VI el Sabio, y tras la muerte de éste en 1194, recibió del rey Sancho VII el Fuerte el encargo de hacerla. Como su religión era la de la Biblia, ésta constituye el guión de la obra, que en otro caso podía haber sido el Popol Vhu de los mayas o los Vedas hindúes, pero los modelos siempre hubieran sido los que le proporcionaba la vida diaria de los navarros en el siglo XII.

Etxebarria adopta la posición dogmática, estrecha, restrictiva y censora de los doctores en las sagradas verdades reveladas, que examinarían la obra de Ferrando ya concluída. Allí no verían más que las escenas bíblicas según los textos en latín reproducidos en las diferentes viñetas. O como después de ser enviada a París, la leerían los cortesanos franceses tan alejados de la realidad social euskaldun.

Pero en toda representación plástica existe la realidad del modelo copiado del natural, al menos tan importante como la de la imagen figurada. El pintor que utiliza como modelo una prostituta para pintar a la Virgen, ¿a quién ha pintado? ¿Cuál es la mentira, que sea la Virgen o que sea la modelo?

Ferrando utiliza como modelo para sus dibujos a las personas que tiene a su alrededor, y sobre todo al pueblo, campesinos, navegantes o artesanos. Al igual que lo hacían sus contemporáneos escultores en las portadas románicas.

Así, un gran conocedor de esta Biblia, Martín Larrayoz Zarranz, señala que predominan en sus figuras ambientes que respiran ingenuidad y encanto. Una Biblia-Tebeo que devorarían los infantes y mayores en la Corte de Sancho el Fuerte. Todas las viñetas reproducidas en “La Navarra maritima” llevan en latín el texto original bíblico donde se da cumplida información de la sagrada verdad revelada, y debajo un breve comentario a pie de foto, ¿dónde está la supuesta mentira que menciona Etxebarria?

En el original del libro a estas viñetas no les había puesto pie de foto, pues ya llevaban el texto dibujado, fue el editor quien las puso de acuerdo conmigo, pues dichas imágenes nos informan de cómo vestían, trabajaban y vivían los vascos hace ocho siglos, que evidentemente no era igual que en algunas de las llamadas “estampas vascas” de los años veinte y treinta del pasado siglo.

El citado historiador, antropólogo y teólogo, Martín Larrayoz, comenta las viñetas diciendo “de Orkoien al mercado de Iruñea, estampas románicas por Ferrando de Funes”:1) ante la representación de Santa Brígida, el modelo que tomó este artista es “la etxekoandre, igual que la mujer fuerte se levanta antes que el sol, le esperan varios kaikus que hay que vender en el Txapitel de Iruñea”; 2) aunque en este texto revelado habla de dos vacas, en la estampa pintada por Ferrando son bueyes, de lo que no hay duda si se compara su cipote con las ubres de la vaca ordeñada por la “etxekoandre” anterior. Los bueyes arrastran la carreta de la cual “chirrían por el camino las ruedas macizas como las sumerias”. Etxebarria, como si fuera un sacerdote católico, se empeña en resaltar lo que dicen los versículos de la Biblia, pero pretende que los demás también ocultemos lo que un pintor navarro del siglo XII está copiando de la realidad cotidiana en que vive, para representar escenas bíblicas. 3) Larráyoz, ante la escena de Abraham dice: “en los odres nuevos, el vino viejo; que por culpa del buen queso suele en las mezetas subirse a la cabeza”. 4) A Larráyoz, la viñeta cuatro le recuerda de la vida real iruinsheme “la visita obligada al arcediano de la Catedral, devoto de la Virgen Santa María y de los corderos de la Cuenca”.

5) Ferrando dibuja a los soldados que podían descansar en el patio de armas del Palacio Real de Pamplona, para representar a los soldados romanos que guardaban el Santo Sepulcro. Cualquiera de dichos soldados pudo haber estado veinte años antes defendiendo el castillo de Malvecín, sobre el actual Bilbao, del ataque castellano en julio de 1175, hecho que fue uno de los motivos del famoso laudo arbitral de Londres, donde los embajadores euskaldunes exigieron la devolución de Malvecín (Bilbao) junto con otras fortalezas. Juan de Salisbury nos deja el testimonio de cómo los embajadores navarros hablaban entre ellos en euskara y los de Castilla en castellano. El historiador inglés Hoveden recuerda cómo en la década de 1190 las costas de Navarra llegaban hasta Castro Urdiales.

6) En la viñeta seis, tanto los caballeros como la mayoría de los infantes del mismo ejército, llevan el símbolo de Navarra en el escudo. 7) Larráyoz ve así esta viñeta: “ tal vez en el prado de Landaben encuentran un alarde de caballeros navarros. No faltan los escudos flordelisados… de todo el Reino… el de Baztán… el de Aibar…”.

Yo, y sinceramente creo que la mayoría, preferimos, pues nos parece más interesante y provechoso, hoy en día, conocer quiénes son realmente los tipos de hace ochocientos años representados con sus atuendos, objetos, actitudes y adornos, que la vida de los santos.

Volvemos al objeto central del artículo de Etxebarria, las banderas, pues todos los chascarrillos anteriores no pasan de ser unas rebuscadas armas arrojadizas contra el símbolo de la bandera roja con las barras doradas que representa a la Nafarroa Osoa. La representación del símbolo nacional histórico de los vascos, como la de los catalanes, portugueses o daneses, tiene muchos siglos de antigüedad.

No tienen para Etxebarria interés las numerosas representaciones del citado escudo, pues al menos desde el siglo XI es frecuente encontrar el mismo en adornos personales, monedas, edificios civiles y religiosos, escudos, documentos, etc. Entre todos ellos se halla la Biblia a la que tanto apego le ha cogido Etxebarria, así como en Albelda, Iturmendi, Villamayor de Monjardín, San Miguel de Lizarra, Catedral de Tudela o Monreale de Sicilia, todas ellas anteriores al año 1200, cuando el territorio navarro occidental no había sido todavía ocupado por Castilla.

El alejamiento de la Nafarroa Osoa supone, en la práctica, una mayor integración en el Estado Español y en el Estado Francés. Parafraseando a Anacleto Ortueta Azkuenaga, nacido en Olabeaga, el rescate de la Nafarroa Osoa de la negación y el olvido es una labor de todos en aras a poder alcanzar la recuperación de la soberanía y la independencia, incluyendo a Lander Etxebarria Garitazelaia. Bihotz-bihotzez, besarkada abertzale bat.