La primera en San Millán de la Cogolla

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La primera hasta el corvejón en San Millán de la Cogolla. Los salvadores de la patria del PP, y también los del PSOE -pues enterados del documento dicen que aunque están de acuerdo con su contenido solo denuncian que no hayan sido convocados-, han hecho pública su “Declaración de San Millán de la Cogolla”, cuyo objeto es presentar iniciativas en las diferentes cámaras legislativas para modificar la enseñanza de las Humanidades,  potenciando principalmente el aprendizaje de la Historia y del castellano.

Hacen una escuetísima referencia a que la enseñanza de la historia deberá ser reforzada “con respeto a los hechos históricos mismos”. No aclaran cuáles son dichos “hechos” por quién y cómo se fijarán. Aunque también es de notar que estamos esperando conocer quienes son los “científicos” que avalan los citados “hechos históricos”. Pues en la declaración no aparece nada sobre rigor científico, verdad contrastada,  comprobación e investigación de las fuentes históricas, que no se pueden dar por supuestos, todo ello previo a su enseñanza.

Pero para muestra un botón. Los autoconvocados  portavoces del PP en el Senado, Congreso, Parlamento Europeo y de los parlamentos autonómicos nos han querido aleccionar, reuniéndose para ello en el marco del Monasterio de San Millán de la Cogolla con toda la solemnidad que el evento requería, reflejada a través de los medios de comunicación, dándonos la primera lección de cómo entienden ellos “los hechos históricos”.

La realidad histórica es que el Monasterio de San Millán de la Cogolla surge hacia el año 931, según Antonio Ubieto Arteta después de la reincorporación del territorio al reino vascón de Pamplona tras la expulsión de las autoridades musulmanas, por decisión y bajo la protección de los Reyes de Pamplona durante la regencia de Toda. Los monarcas de Pamplona, a partir de García Sánchez I, volcaron sobre el Monasterio de San Millán su protección. El primer documento que lo menciona corresponde al año 942. La vida del Monasterio de San Millán solamente está acreditada después de la liberación de la actual la Rioja por los navarros. En el año 959 es consagrada su iglesia de Suso, uno de los ejemplares más importantes del estilo mozárabe.

Se conservan actualmente unos treinta manuscritos del siglo X procedentes del monasterio de San Millán de la Cogolla. La mayor parte están en la Real Academia de la Historia de Madrid; pero es difícil averiguar cuáles salieron de su escritorio y cuáles fueron comprados o adquiridos por los monjes de San Millán para su biblioteca. No es menos difícil determinar la fecha de los códices copiados en el escritorio emilianense, porque sus colofones fueron retocados “por prurito ridículo de antigüedad”. “El escritorio de San Millán, aunque más tardío que  el de Albelda, se distingue pronto por su actividad y curiosidad, recogiendo influencias y corrientes librarias con que enriquecer la librería monacal”.

El monasterio navarro de San Martín de Albelda fue fundado el 5 de enero de 924 por Sancho Garcés I y su mujer Toda, reyes de Pamplona, en recuerdo de la toma del castillo de Viguera, arrebatado a los musulmanes. El códice Albeldense o Vigilano, fue la obra cumbre del escritorio navarro de Albelda. Lo escribió e iluminó Vigila con la cooperación de dos monjes: Sarracino, a quien llama compañero, y García, a quien denomina discípulo. Vigila no se limitó a presentar el retrato de los monarcas reinantes en Pamplona. Tiene para ellos un recuerdo cariñoso y una súplica ferviente, que repite varias veces. Incluso alude a García Sánchez I, muerto seis años antes de la conclusión del códice. En cambio no menciona el nombre del conde de Castilla, silencio que es lógico y muy significativo frente a la posterior impostura castellana sobre esta parte de Navarra.

Vigila reunió en su famoso libro toda la legislación eclesiástica y civil, necesaria para la formación del clero y el gobierno de las diócesis, parroquias y monasterios. El redactó una pequeña historia del Reino de Pamplona desde el año 905 hasta 976, en la que traza un cálido panegírico del Rey navarro Sancho Garcés I. Recibiría sus informaciones, en buena parte, de su padre, que, al parecer, era Eximinus Vigilanis, personaje que figura entre los señores de la corte pamplonesa.

José Goñi Gaztambide afirma que de los 29 documentos del siglo X, reunidos en el Cartulario de Albelda, ocho proceden de los reyes de Pamplona y ni uno solo de los condes de Castilla. Otros quince documentos están extendidos con el consentimiento de los reyes de Pamplona, o están calendados según el reinado de los mismos o al menos se alude a ellos en la data o en el texto. Sólo dos contienen una alusión al conde de Castilla. Está claro que el monasterio de Albelda nació y se desarrolló en territorio navarro bajo la eficaz protección de los reyes pamploneses. Los condes de Castilla no intervinieron en él para nada. Durante el siglo XI y XII continuará la protección de los monarcas navarros al monasterio riojano. “Pero desde que la Rioja fue anexionada (por Alfonso VIII) a Castilla en el año 1176, la decadencia se hizo cada vez más acusada”. Gracias a su riquísima biblioteca y a su activo escritorio, el monasterio de Albelda llegó a ser, en los siglos X y XI, uno de los principales focos de la cultura del occidente europeo, sobre todo por la calidad de sus producciones.

El Códice Emilianense, hechos unos años más tarde (994) en San Millán de la Cogolla, es en gran parte una reproducción del citado Vigilano. Esto prueba la superioridad en libros y escribas del escritorio de Albelda respecto del también escritorio navarro de San Millán de la Cogolla.

La visión de los historiadores españoles, empezando por Ramón Menendez Pidal y Justo Pérez de Urbel, como ha probado Antonio Ubieto Arteta, se basa en el examen de una documentación, que no distingue los documentos originales de las copias, los auténticos de las falsificaciones y que en el caso de Justo Pérez de Urbel presenta incluso el fallo de la carencia de una edición crítica de cada texto. Así, por ejemplo, en la historiografía española se repite que los reinos de Castilla y Aragón nacieron por un testamento del Rey de Navarra, Sancho III el Mayor (1004-1035), quien habría dividido su reino al morir. Dicha afirmación repetida desde el siglo XII ha influido en la conformación de dicha creencia absolutamente errónea.

Como señala José Goñi Gaztambide (Hª de los Obispos de Pamplona Tomo I, pag. 126), Justo Pérez de Urbel para probar sus tesis españolistas “recurre al procedimiento de acumular indicios, sospechas, conjeturas e hipótesis, callando cuidadosamente todo lo que sea contrario a su punto de vista castellanista e incurriendo en contradicciones”. Así el benedictino Pérez de Urbel asevera: “Todo un cúmulo de observaciones … nos orientan hacia Castilla para encontrar la explicación del florecimiento cultural de la Rioja durante el siglo X, y especialmente del de San Martín de Albelda”. Cuando la realidad de los documentos afirma que La Rioja se benefició del renacimiento intelectual europeo del siglo X, y que se hallaba precisamente en la encrucijada de intercambios de textos y de influencias europeas-navarras por un lado y andaluzas-españolas por otro. La Navarra del sur del Ebro, -La Rioja y La Riojilla actuales, hasta montes de Oca -va a constituir una frontera viva y sensible, que en los siglos X, XI y XII permitió toda suerte de contactos entre la cultura europea de Navarra y el mundo cristiano mozárabe de España.

Afirman asimismo los políticos del PP reunidos en San Millán de la Cogolla que “creemos necesario asegurar a los alumnos el dominio oral y escrito de la lengua castellana y, en su caso, de la lengua oficial propia de la respectiva Comunidad Autónoma”.

Pero, de nuevo, aquel no parece el nido más adecuado, pues el famoso códice 60 de San Millán de la Cogolla presenta las primeras frases que conocemos en euskera y en romance navarro-aragonés-riojano, no en castellano, escritos a mediados del siglo X. Su autor es un monje navarro-riojano, euskaldun como la mayor parte de la población de aquella zona entonces.

La realidad es que no solo el euskara, sino también los idiomas romances vascónicos, padecen un inmisericorde lingüicidio.        El romance navarro-aragonés-riojano, o idioma latino de los vascones surpirenaicos, tiene influencia del euskara, como en el caso del gascón, romance de los vascones norpirenaicos, de ahí la similitud entre ambos romances vascónicos: el gascón y el navarro-aragonés-riojano. Este idioma fue oficial en la documentación del Estado navarro, suplantado forzadamente por el castellano tras la conquista.

En el último siglo se pretende desde interesados sectores confundir este romance con el castellano, cuando son dos idiomas diferentes. Se ha llegado a pregonar que la documentación romance de los monasterios navarros de la Rioja de los siglos X al XII esté escrita en castellano y que es allí donde se escribió por primera vez dicha lengua, lo que es rotundamente falso. Se habla de “la cuna del castellano”, del “camino de la lengua” refiriéndose al castellano, que se iniciaría en el Monasterio de San Millán, “El Milenario de la Lengua”, etc. Todo ello completamente acientífico, erróneo y fraudulento.

Estos sí que son los “hechos históricos” según las fuentes documentales tratados científicamente y previamente expurgados de falsificaciones posteriores. No es de recibo que nuevamente se pretenda imponer por imperio de la ley unas rancias tergiversaciones de los hechos históricos, que ya han sido ampliamente descubiertas por la crítica historiográfica. Tener el poder no significa poseer la verdad ni la razón, que es lo que buscan obviar los citados gobernantes, ya que la ignorancia resulta atrevida y además en política es peligrosa.

Tomás Urzainqui Mina