Navarra al circo

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Es la táctica de la degradación permanente: de Reino europeo a provincia española,  de Palacio Real de Navarra a Archivo o de Reino a Estadio de fútbol. Cuando Reino de Navarra es igual a conceptos como Reino de Holanda, de Dinamarca o de Gran Bretaña. Como decía en 1840, hace tan sólo 165 años, el insobornable Síndico consultor de las Cortes de Navarra, Ángel Sagaseta de Ilurdoz:

“los reinos pequeños no se diferencian de los grandes en especie, ni en sustancia: lo mayor y lo menor no constituyen en esta materia diversidad sustancial. El reducido reino de Portugal es igual en sus derechos e independencia al vastísimo imperio ruso. Sentado el verdadero origen y naturaleza del Reino de Navarra, es forzoso convenir en que ningún otro reino, por extenso que sea, por formidable que aparezca, tiene derecho para dictar providencias al mismo”.

De Estado europeo, como Reino de Navarra, a provincia o comunidad foral española. Las verdaderas antiguallas, y además sanguinarias, son Alfonso VIII, Fernando el Católico, el Duque de Alba, Cisneros, Espartero, Franco y sus actuales continuadores, que siguen imponiendo la minorización y la subordinación a la sociedad navarra. Así se falsifica el verdadero significado de Navarra con lo de: provincia, laureada, comunidad foral, archivo o estadio.

Para alimentar el esencialismo de su régimen necesitan que los navarros olviden lo realmente ocurrido, ocultándolo con una imagen dependiente y sumisa. Suplantan la propia centralidad del Reino europeo de Navarra, por la impostura de un inventado “reyno hispano medieval de Navarra” o “Reyno de Navarra” que, según ellos, sería dependiente del supuesto “Imperio” de León y del Reino de Castilla. Camuflar la legitimidad europea del Reino de Navarra, mediante la supuesta pertenencia a un proyecto, de la providencia divina, de salvación cristiana de España y de “reconquista”, liderado por León y luego por Castilla.

El muy mal llamado “navarrismo”  de los últimos veinticinco años (que no es más que nacionalismo español) prefiere la impostura de un medievalismo navarro falsificado, satélite de Castilla, que aceptar la realidad de todos los territorios que conformaban Navarra (con las vascongadas, La Rioja o la Navarra norpirenaica) y que solamente quedaron fuera de sus límites por conquistas violentas.

Los paladines de la impostura del “viejo reyno”, obvian y ocultan a la mayoría de los historiadores navarros, incluidos los más notables desde José Moret Mendi y Oyhenart, pasando por Arturo Campión, Hermilio de Olóriz, Anacleto Ortueta, José Mª Lacarra, Antonio Ubieto Arteta, Pierre Narbaitz, José Goñi Gaztambide y José Mª Jimeno Jurío. La razón no es otra que la convicción de  todos ellos sobre la existencia de una realidad histórica navarra, plenamente europea y diferenciada, con sus aspectos  institucionales y culturales complementarios e inseparables; circunstancia que deja al descubierto la tergiversación e impostura.

El cambio de nombre, decidido por el gobierno de UPN, debería ser como poner al estadio del Real Madrid: Estadio Reino de España, que evidentemente no lo harán por el respeto que tienen a la denominación de su Estado.

Cuando los turistas vengan a visitar el Reino de Navarra preguntarán, como es lógico, ¿dónde está el Palacio Real de Pamplona?, que ha sido recientemente demolido, y a lo sumo les enseñarán un archivo; ¿donde están las murallas de los siglos XII al XVI? arrancadas para excavar unos garajes subterráneos en el rincón de la Aduana y en la Plaza de San Francisco; ¿dónde están las termas romanas? de las calles Curia y la Mañueta o de la Plaza del Castillo, murallas romanas, conducciones de aguas, construcciones vasconas prerromanas, necrópolis vasconas (romanas, musulmanas y cristianas).

No podremos enseñárselo, han sido arrancadas y tiradas al vertedero, porque todo eso lo acaba de destruir el gobierno de UPN que supuestamente les quiere atraer con su campaña publicitaria. En cambio, esos mismos turistas podrán compararnos con otras ciudades vecinas, como Zaragoza, que sí han restaurado su Palacio Real, los restos de edificios, termas y las conducciones de aguas, romanas, que no eran mejores que las de Pamplona. Aquí, mientras tanto, a los turistas les enseñarán el Estadio Reino de Navarra.

Tomás Urzainqui Mina.