Hoy ni “público” ni “privado”

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En una situación como la que vivimos de falta de soberanía, nada es lo que parece, ni lo “público” es público ni lo “privado” es privado. La dominación que padece nuestra sociedad, tal como analicé en mi artículo sobre “Lo público y lo privado”, está en relación directa con la equívoca utilización de estos conceptos, como si fueran entrecruzadas armas arrojadizas, por lo que ello acaba resultando improcedente, reaccionario e injusto.

Mi reflexión iba y va, exclusivamente, por la relativización de los conceptos público y privado en una sociedad dominada. No he atacado a lo “público” ni tampoco a lo “privado”, en nuestro caso, aquí y ahora, resultan enfrentamientos estériles, por lo que entrar en ello es hacer el juego al enemigo real. Esto no quiere decir, que debamos desconocer el gravísimo estado en que se encuentra la enseñanza en general, “pública” y “privada”, desde el punto de vista de sus contenidos, condicionados por los programas del Estado gran-nacional.

El desencadenante de mi reflexión fue algunas opiniones que leí en la prensa y que me provocaron el estudio del asunto, con toda imparcialidad y desconocimiento de las diferentes posturas que pudieran existir sobre ello, las cuales no se hallan centradas en la causa principal del problema planteado, pues al parecer las ramas no les dejan ver el bosque.

La conciencia individual y colectiva es la que determina realmente en nuestro caso lo público o lo privado, no las estructuras dominantes y sus atribuidos conceptos. Por eso, hay que prioritar la conciencia independiente desde ahora. Los agentes y movimientos sociales que desde esta sociedad dominada, y que se ven obligados a utilizar las estructuras “públicas” o “privadas” que pertenecen al Estado gran-nacional y a su sociedad dominante, han conseguido, por su conciencia, e independientemente del ámbito donde trabajen, lo que hoy tenemos, por lo que son dignos de reconocimiento.

La financiación de los centros educativos (“públicos” o “concertados”), no confluye en absoluto en la cuestión planteada, precisamente cuando los recursos económicos que vía impuestos salen de los bolsillos de todos.

No es en absoluto baladí que el Estado gran-nacional y su sociedad pretenda anular y hacer desaparecer a la Navarra real donde tendría sentido lo público y lo privado, precisamente por que es el Estado propio de nuestra sociedad hoy dominada. Sin Nabarra osoa no hay sistema público nacional por no haber soberanía ni Estado propio. Si no reconocen a nuestra Comunidad cultural, Euskal Herria, difícilmente reconocerán a nuestro Estado, Navarra.

Interesadamente, se ciñen a dichos conceptos con sus significados estrictamente jurídicos o administrativas, cuando en la práctica quedan desnaturalizados, al entremezclarse los ámbitos de las respectivas sociedades y sus diferentes culturas, que además se hallan en planos políticos de manifiesta desigualdad. Es decir, esconden la premisa del interés de esa cultura dominante, que efectivamente podrá ser público en el ámbito territorial de su propia sociedad, pero que se convierte en un interés privado cuando se introduce en el seno de otra sociedad diferente. Lo dominante y lo dominado, a pesar de la sutil confusión en que premeditadamente se sumergen, tienen sus propias esferas de lo público y lo privado. No confundirlo es un paso hacia delante para que la sociedad subordinada deje de serlo. En cambio, sin soberanía “lo público” pertenece en la práctica al ámbito del interés privado de la sociedad dominante, pues queda subsumido, en la relación de desigualdad entre ambas sociedades.

A raíz del citado texto mío, he recibido numerosas muestras de conformidad, pero se ha publicado un comentario que no tiene en consideración el verdadero tema que pretendí dilucidar y se detiene en lo que yo no hice, comparar a “buenos” y “malos”. “A donde vas: manzanas traigo, no estamos hablando de lo mismo. Por lo que, sin ámbito de ofender, “el que no sea cofrade que no teme vela”. Estoy absolutamente al margen de esos roces y nunca he tomado postura con alguno de los supuestos bandos, que ni tan siquiera sé si existen.

Las puntualizaciones son gratuitas e imaginarias que no hacen mención alguna a las cuestiones que realmente yo planteaba en el repetido artículo. No hice un relato histórico de los ultimos años de la educación en y del euskera, ni por tanto hay supuestas ausencias de colectivos. La imaginada “guerra” entre lo supuestamente “público” y “lo privado” ni la conozco ni me interesa. Sí por el contrario me preocupa el error y sus consecuencias.

Es una argucia sustituir el fondo del asunto, que es únicamente la confusión y el vaciamiento de los conceptos de lo público y lo privado en una sociedad dominada, por una especie de relato histórico sobre los movimientos en defensa del euskera, que a pesar de su interés no es el objeto del artículo. Lo que denota un claro intento tergiversador y ocultador de la grave cuestión que planteo. Sinceramente no pensé en eso al señalar el motivo de mi análisis sobre la oposición entre lo que se da por incluido en el ámbito de lo público y lo supuestamente privado.

Los que estáis de acuerdo en que pertenecéis a la sociedad dominada, estaréis conformes en que las sociedades dominantes a través de sus Estados gran-nacionales son las que imponen su particular cultura tanto en lo “público” como en lo “privado”.

Tomás Urzainqui Mina