Ejercicio de la autodeterminación. Cuestionario Herria 2000 Eliza

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HERRIA 2000 ELIZA, CUESTIONARIO, 14-11-2006

Tomás URZAINQUI MINA

 

a)¿Entra dentro de tu perspectiva el que se ejerza en Euskal Herria el derecho de autodeterminación a corto plazo (en menos de 5 años)?

Entiendo que la pregunta se refiere al ejercicio del derecho soberano de los seres humanos a la autodeterminación política de la sociedad de la que forman parte; entonces, a mi juicio, se requerirá previamente el autoreconocimiento claro y preciso por sus propios ciudadanos de la existencia de la sociedad autodeterminante. Es decir, no vale para ello la presunción de una idea, unos territorios, un nombre, ni tan siquiera una comunidad cultural o lingüística, es completamente imprescindible que exista la realidad objetiva de una sociedad política diferenciada. En este sentido, las ideas, los nombres, los territorios, las culturas o las lenguas no se autodeterminan, sólo lo hace la sociedad concretamente definida.

Otra cosa muy distinta es que la sociedad tiene su inseparable territorialidad, al igual que también ideas, nombres, cultura y lengua o lenguas. Los derechos políticos de los ciudadanos existen en tanto en cuanto se reconocen los derechos colectivos de la sociedad.

Todavía aquí no se ha alcanzado el nivel suficiente de autoreconocimiento. El País se halla sumido en la nebulosa de la ignorancia, aguantando el apodo y ocultando el título soberano. Lo que conlleva la necesidad de asunción por los agentes políticos, sociales, económicos y culturales del concepto político de Navarra, de forma paralela y simultánea al concepto cultural de Euskal Herria. Estamos en el camino, pero los plazos en la práctica los pone la sociedad, según el grado de la intensidad de su compromiso en el proceso.

El acuerdo del Parlamento Europeo, del 25 de octubre de 2006, supone un punto de inflexión decisivo en el reconocimiento de facto de la existencia del conflicto político, que es en realidad interestatal entre la sociedad dominada navarra/vasca, con su Estado hibernado por la dominación que padece, y el Estado español dominante, e implícitamente también el Estado francés. Por cierto, aquel día en Estrasburgo ondearon a la vez las banderas del Estado europeo de Navarra y las ikurriñas.

En resumen, es condición, sine qua non para iniciar con garantía de éxito el camino de la resolución del conflicto político, y el consiguiente ejercicio del derecho de autodeterminación, que previamente se asiente con la mayor precisión la base objetiva política, es decir la sociedad que ha de ser la actora del proceso. Hoy, por el contrario, se está haciendo muy poco en este sentido, lo que va a impedir el despegue del proceso en sí mismo. Cinco años es un plazo suficiente para hacer la transformación expuesta, lo que hará posible a continuación la inmediata autoderminación.

b) ¿Cómo se puede ejercitar ese derecho, en la práctica, en una situación de partición como la que vive Euskal Herria?

El problema no es tanto la partición territorial, como en mucho mayor grado la indefinición conceptual de la propia sociedad y su necesario autoreconocimiento. La partición, en la práctica, se halla sobre todo en el seno de la sociedad autodeterminante, pues si se supera esa fractura ideológica y conceptual, no supondrán ningún obstáculo insalvable las divisiones administrativas y estatales impuestas, que serán superados con facilidad por la voluntad soberana del conjunto de la sociedad que sólo reconocerá su territorialidad completa.

Por ello, repito que la solución insoslayable está en el autoreconocimiento de esta sociedad, al menos, en su doble vertiente, política y cultural, o lo que es lo mismo: Navarra y Euskal Herria. Una vez alcanzado este nivel de autoreconocimiento social estará abierta de par en par la territorialidad, la autodeterminación y la soberanía.

La explicitación de los dos aspectos de la misma realidad social, lejos de debilitarla, la fortalecen hasta tal punto que, si reflejan claramente los dos contenidos tanto el político como el cultural de la sociedad sin confundirlos ni diluirlos, le permitirán lograr la indispensable cohesión interna, que simultáneamente se convertirá en territorial, y podrá alcanzar tras dicho autoreconocimiento el inevitable éxito en la recuperación de la autodeterminación, la soberanía y la estatalidad.

Cuál es la razón para que a estas alturas se siga ocultando que -fruto de las derrotas y conquistas infringidas a Navarra a manos de España y Francia- hoy nos encontramos con una sociedad subordinada y su territorialidad partida. Obviar la premisa nos está impidiendo entender, y que nos entiendan, el problema que padece el pueblo vasco.

El respeto democrático comienza por el de la pluralidad de la propia sociedad, ya que las instituciones y estructuras del sistema jurídico estatal propio posibilitan el funcionamiento con garantías de una sociedad soberana, democrática, libre, plural e intercultural. Debemos llamar a esta sociedad política soberana por su nombre: el de Navarra, al igual que Euskal Herria es el nombre de la comunidad cultural. Ninguno de estos dos nombres es un invento, son fruto de realidades conceptuales bien definidas y asentadas, y su utilización en el proceso con sus respectivos sentidos es imprescindible.