En Vitoria se recuerda la conquista castellana

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Durante estos días está teniendo lugar en Vitoria-Gasteiz una serie de actos culturales en recuerdo del ochocientos aniversario de la trágica conquista por Castilla del oeste de Navarra, o Navarra marítima, que culminarán el próximo domingo día 21 de Mayo con un acto popular de homenaje a los defensores de la ciudad durante el asedio castellano del año 1.200.

Lustros de implacable manipulación de la memoria colectiva, nos han atado a la impostura de la tergiversación histórica oficial. Por eso es tarea urgente poner en marcha un proceso de desintoxicación que nos libere de patrañas como la “voluntaria entrega”. Se han escondido meticulosamente las acciones de la sistemática conquista, ocupación, nacionalicidio, lingüicidio y asimilación premeditadas, no siendo ciertos los planteamientos justificativos de todo ello.

La inoculada enfermedad de nuestra sociedad, que aliena a los ciudadanos de este País, reduciéndolos a la condición de eternos párvulos, se basa en una serie de artificios que sólo favorecen a la dominación de la actual gran nación, española o francesa, e impiden que esta sociedad recupere su mayoría de edad, en el contexto internacional y europeo.

Proponer la existencia de dos comunidades es una dicotomía infernal. No podemos seccionarnos y segregarnos, ni individual ni colectivamente, entre vasco y navarro. “Navarro” es ante todo un concepto jurídico-político. En el Codex Calixtanus se denomina navarros a los habitantes de Araba y Bizkaia. Como se manifiesta en las alegaciones al Laudo Arbitral de Londres de 1.177, son Navarra por “la fidelidad manifiesta de sus moradores naturales”. A partir de la conquista del año 1200 reivindicar ser navarro y no castellano, en los territorios conquistados, era castigado como alta traición por el Rey de Castilla. Desde la identidad nacional propia todos los vascos somos políticamente navarros y todos los navarros somos culturalmente vascos. Son dos caras de la misma moneda.

El Estado europeo de Navarra, como en el resto de la Europa del siglo XII, se configuró con su territorialidad bien definida, avalada por los tratados sobre límites con Castilla de 1016, 1127 y el Laudo Arbitral de Londres de 1177; llegando sus aguas marítimas en 1190, según la documentación existente, hasta Castro Urdiales.

El gran error, además muy extendido, es precisamente la confusión existente entre los dos términos que reflejan una realidad social. Son las mismas personas las que constituyen, la comunidad lingüística vasca y su cultura, Euskal Herria, y, la estatalidad y el sistema jurídico, la Navarra política como Estado nación. El Estado de Navarra encarna a la nación, o sociedad política, que sólo técnicamente se puede distinguir de la comunidad o nación cultural que es Euskal Herria

Este año 2000, se cumple el 800 aniversario de cuando los territorios que hoy son Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y la Rioja, que eran la mitad occidental de Navarra, perdieron la independencia, pues el territorio navarro situado al oeste de una línea que va de Fuenterrabía a Logroño -con la excepción de la Sonsierra o Laguardia y su tierra, hoy la Rioja alavesa- quedó conquistado y ocupado por Castilla. Aunque el resto de Navarra, no sin desigual defensa, al final siguió la misma suerte -en 1512 a manos de Castilla y en 1620 de Francia-, siendo desmanteladas y suplantadas sus instituciones estatales en el siglo XIX, no por ello deja de tener importancia la fecha de 1200 que supone en realidad el verdadero inicio de la pérdida de la independencia. El año 2000, es una buena ocasión para recordar a todos que este país comenzó a perder la libertad hace 800 años, sin que haya renunciado a recuperarla.

Los ejércitos castellanos, violando todos los tratados, iniciaron la invasión rompiendo las fronteras de los montes de Oca, Obaranes y Cantabria, y destruyendo las fortalezas navarras. Asediaron Vitoria, que resistió durante nueve meses, atacaron los castillos de Portilla, Treviño, Arluzea, Zaitegi, Aitzorroz, Beloaga, Inzura, etc.

Vitoria-Gasteiz, cuyo fuero fue promulgado por el rey de Navarra Sancho VI el Sabio el año 1.181, era la ciudad más importante del occidente navarro, por lo que Castilla concentró allí todo su ejército y medios de asalto en un largo asedio, tras el cual los vitorianos, atenazados por las privaciones, las enfermedades y el hambre, se vieron obligados a rendirse, con la autorización de su rey Sancho VII el Fuerte, a la espera de una mejor ocasión para recuperar la libertad.

El 800 aniversario de dicho suceso, que se reviste hoy de un sólido valor simbólico, nos sirve para reflexionar sobre la dirección adecuada en la recuperación de la soberanía arrebatada, porque ésta no será posible mientras el concepto jurídico político de Navarra no vuelva a ser el referente nacional de Euskal Herria.

Por ello, algunos de los que tenemos conciencia política de navarros, estaremos, física o mentalmente, en el acto de Gasteiz a donde convocan los compatriotas alaveses a  reunirnos los navarros del este y del oeste delante de la placa que conmemorará el ochocientos aniversario  de la conquista de Vitoria, y del inicio con ella de la pérdida de la independencia  de Navarra, el Estado propio y por antonomasia de todos los vascos.

Tomás Urzainqui Mina