“Recuerdo de Juan María Olaizola”

203

A comienzos del año 1.993 fue cuando el infatigable editor pamplonés Txema Aranaz, con cuya confianza me honro, nos puso en contacto a raíz de la publicación por Juan María Olaizola Iguiñiz, de su imprescindible libro “Historia del Protestantismo en el País Vasco – El Reino de Navarra en la encrucijada de su Historia”, pues sabía que teníamos inquietudes comunes. Han transcurrido desde entonces cinco gratificantes y fructíferos años, en los que enseguida entretejimos una densa y  entrañable relación, mitad insaciable sed de conocimiento mitad mutua connivencia, simpatía y amistad.

Me solía contar que jamás se olvidaría de la primera vez que fue desde Irún a Pamplona, antes de la guerra de 1.936, con su padre, donde éste le dijo mira “ese es el Palacio de nuestros Reyes”, mostrándole el prominente edificio, utilizado entonces para Gobierno Militar. Cuando  miserablemente derribaron el Palacio Real de Pamplona en Diciembre de 1.994, escribió indignado, haciendo llegar su airada protesta al Presidente del Gobierno de Navarra.

Juanmari acudía a cuantos eventos eran importantes para su alma de patriota navarro. Iba todos los años a la conmemoración de la Batalla de Noain el último domingo de Junio, este año ya me había dicho que también pensaba ir. Participó en el vídeo que sobre la Batalla de Noain se gravó para el programa de ETB “Euskal herritik- Del País de los Vascos” donde deja firme testimonio audiovisual de su amor a Navarra.

Es interesante recordar ya desde ahora que todos los vascos somos navarros y todos los navarros somos vascos. Los nombres: navarro o vasco, no tienen una permanencia espacial, territorial o geográfica, sino únicamente de forma temporal. Así, sin solución de continuidad, y sobre idénticas gentes, han variado en los territorios de la actual C.A.V. del apelativo vascones, como en el resto de Navarra, hasta el siglo IX a denominarse navarros hasta  el siglo XIII, para después de la conquista y consiguiente pérdida de la soberanía política pasar seguidamente a llamarse castellanos, cántabros, vizcainos, vascongados y ahora vascos. No podían llamarse navarros dentro de Castilla porque Navarra era un País europeo diferente. Es decir, los nombres vasco o navarro no tienen interpretación territorial sino temporal. Son denominaciones que ocupan períodos de tiempo más o menos extensos variando con el tiempo debido a las coyunturas políticas y que se ubican en el mismo territorio para llamar a la misma población.

Un día Juanmari me manifestó que había pensado redactar un trabajo sobre la historia de la zona  de Hondarribia demostrando que formaba parte de Navarra, pues  el  siempre insistió: somos navarros, yo soy navarro, nacido en Irún. Le contesté, tenemos que hacer un libro sobre la Navarra marítima, no sólo de los pueblos de la desembocadura del Bidasoa ni tan siquiera de las tierras situadas al Este del río Oria, sino de todas las tierras navarras que fueron conquistadas por Castilla en 1.200. Era un tema que llevaba yo largo tiempo estudiando, fundamentalmente desde la perspectiva jurídica, de la historia política y de la filosofía del derecho.

Enseguida comenzamos una febril búsqueda de los textos originales de la época ara releerlos y descubrir pronto, no sin emoción, que allí se constataba la existencia de la Navarra completa, sin las mutilaciones de que fue víctima. El cruce de datos, documentos, transcripciones, traducciones, signaturas, bibliografía y textos ha sido intenso durante estos años. Comunicándonos las alegrías de los hallazgos de algunos hechos hasta ahora desconocidos o puestos en conocimientos del uno al otro por primera vez. Nos dimos cuenta que debíamos obtener una copia del original del Laudo Arbitral de Londres de 1.177, pues yo había conseguido una fotocopia de la publicación de STUBBS William “Gesta regis Henrici Secundi”. Juanmari, présto, encargó a su sobrina que le hiciera la gestión en el Museo Británico y a su costa le remitieron la copia del original que se publica en este libro.

Sin el entusiasmo de Juanmari hubiera sido para mí más difícil embarcarme en la singladura, valga el símil, de redactar esta Navarra marítima. Cuando pensando en el título de la obra le dije que debería ser “La Navarra marítima”, me contestó: ese es, no puede haber otro mejor. Me comentó un día, este título a algún político no le va a gustar. Al principio pensó que era sólo hasta el río Oria, pero le hice ver que ese límite según Ptolomeo para vascones y bardulos y para la muga de la Ipuzkoa alto medieval era intrascendente ante la rica realidad navarra que se sobraba de los documentos en toda la mitad occidental de Navarra al Este de la línea que va de Fuenterrabía a Arnedillo hasta Castilla.

El libro lo hemos realizado los dos en un inmejorable trabajo de equipo.  Lo más importante para él era que saliera el libro a la calle, para que todo el mundo pudiera conocer algo más de la auténtica realidad de Navarra, así como que se supiera que los llamados vascongados fueron navarros y que de muchas maneras todavía lo son y lo seguirán siendo.

Juanmari tu Navarra, nuestra Navarra entera, como tú la entendías y querías, englobando a toda la Comunidad cultural vasca, continuará en permanente rejuvenecimiento. Tu crees, con tu mente de último hugonote navarro, en esta Nación, en la que  la única Sociedad política estatal  es Navarra.

 

Tomás Urzainqui Mina