La gran impostura sobre “el Derecho de Navarra”

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La gran impostura sobre “el Derecho de Navarra”

           En Navarra gobierna el negacionismo antinavarro, que hace caso omiso tanto de la sociedad navarra como de su Derecho. La gran impostura que levantan sobre “el Derecho de Navarra” o “Régimen Foral”, es la negación de sus verdaderos Derechos a las ciudadanas y ciudadanos navarros. Para estos impostores el Derecho propio no es aquel que, en cada momento, es legislado por esta sociedad, sino que viene dado por algo intocable que está fuera del alcance de la voluntad de los actuales ciudadanos. Pero el Derecho si no se crea y se ejerce por los ciudadanos es pieza de museo. Según dichos usurpadores, “el Derecho de Navarra  ha regido la vida de la sociedad navarra”, así ese pasado, manipulado por ellos, según su pensamiento reaccionario y expoliador, debe  atar nuestro presente y futuro.

          Su torpeza  les llevó a ubicar la exposición de su “pensamiento” falsificador de la historia, precisamente en un símbolo de la soberanía de la sociedad navarra, quizá el lugar más emblemático de la Historia del Derecho y del constitucionalismo navarros, que es el edificio concreto, del Palacio Real de Pamplona. Ninguna referencia, sin embargo, hicieron a la función jurídica y simbólica que el inmueble tiene para los navarros, reflejada constantemente en los textos jurídicos ahora  guardados en él, por ser allí donde se practicaban los trámites constitucionales de formalización -para decidir, legitimar, expedir y promulgar- las Leyes, por los reyes navarros, las Cortes, el Consejo Real, o el  juramento de los virreyes españoles.

          Confunden el Derecho con supuestos elementos identitarios, afirmando que el derecho foral es “el más importante y estable” y “el principal elemento de cohesión e integración entre los navarros”. Pues afirman, que “La Ley Paccionada [de 1841] y la Ley de Reintegración y Amejoramiento del Fuero [de 1982] ” son, la demostración de que “los Fueros siguen siendo el timón por el que se gobernaba el territorio navarro”, cuando son diametralmente todo lo contrario, las citadas “Leyes”, junto con el Convenio de 1927 y los sucesivos convenios, han eliminado, desmantelado y suplantado la soberanía ciudadana y constitucional navarra y a las instituciones del sistema jurídico navarro, sustituyéndolas y subordinándolas a las Constituciones españolas. Y añaden el “carácter singular” del Fuero que permite, según ellos, “una relación singular con la administración española”, y que  así se puede aplicar “unas claras políticas, en el ámbito cultural, educativo y de difusión”. Esto es lo que queda según ellos tras treinta años de liquidacionismo antinavarro.

          Equiparan Fueros de Navarra con los de Castilla, cuando no tienen nada que ver entre sí. No contemplan la necesaria voluntad legisladora de la sociedad navarra, sino que dicen: “la aplicación de algunos de estos textos medievales se han mantenido en el tiempo como expresión de un derecho propio y originario”. Su negacionismo les conduce a consagrar la primitivización del Derecho navarro: “partimos del concepto de fuero como fuente característica… estatuto jurídico… régimen jurídico propio … derecho propio” “estos derechos propios enlazan con el mundo medieval”.

          La inadecuación conceptual del negacionismo, queda clara cuando dicen: “desde el punto de vista del derecho público, Navarra será el territorio foral por excelencia, y de allí la denominación de Comunidad Foral”.  Sin embargo, el concepto Comunidad, en filosofía y sociología del derecho, sólo tiene el significado de grupo identitario y cultural, mientras que Sociedad se reserva para la agrupación o asociación política. Ocultan que Navarra, correctamente hablando, cuando menos, es una Sociedad Política con derecho a su sistema jurídico propio, no una “Comunidad Foral”, reducida a una misteriosa identidad “foral”, no realidad jurídico-política, que ocultan. Como dice más adelante la directora de la exposición del Gobierno de Navarra, “se trata del conjunto de normas que, en Navarra, regulan la vida social y que constituyen un derecho propio, diferente del recogido en los códigos y constituciones del Estado español”. Sin embargo, de ninguna manera nos hallamos ante una Comunidad o un Régimen Foral, calificaciones negacionistas, que vistas desde cualquier perspectiva, están en el ámbito de lo meramente subordinado, sino que en Navarra estamos ante una Sociedad Política con su sistema jurídico propio, cercenado como consecuencia de la conquista continuada. Los negacionistas utilizan “los Fueros” como un ídolo esencialista, en el que ni ellos creen, pero que les sirve para mantener el chiringuito y negar los Derechos civiles y políticos de la sociedad navarra, quedando los ciudadanos navarros inermes y doblemente burlados, por la mentira de que se reconocen sus derechos y el secuestro de sus libertades. Los términos “régimen foral” o “comunidad foral”, resumen hoy la impostura negacionista al Derecho y a la Sociedad política de Navarra, europea, plural y multicultural. Estos negacionistas temen a la verdadera Navarra, a la real, a la que existe, por eso se sirven de la ficción de un falso navarrismo que camufla su actividad profundamente antidemocrática.

          Manipulación tan generalizada de la Historia, que les lleva a ocultar y destruir las fuentes documentales y materiales, como está ocurriendo de continuo con la destrucción sistemática de los vestigios arqueológicos, que emergen en abundancia  del subsuelo de Pamplona-Iruña y de toda Navarra, gritando con su muda presencia contra la impostura negacionista de los usurpadores del Gobierno de Navarra.

          En el relato histórico no hacen referencia para nada a Vasconia, su derecho y su lengua, pero sin embargo, sí lo hacen a los visigodos. Sólo entra en su texto, como término permanente de comparación, Castilla. No utilizan la posibilidad de comparación con Europa, el Mundo, Francia, Portugal o Aragón. Dan continuidad al impostor cuento visigodo, que ya expusieron hace seis años en el Baluarte, y ahora mienten descaradamente al afirmar que: “el solar navarro se había regido por el derecho… germánico desde ese momento hasta la llegada de los musulmanes”. Mienten gravemente y no se preocupan por aportar la más mínima prueba de tal afirmación.

          El origen del reino lo sitúan en la “reacción que se produce contra el invasor musulmán en el norte de la península ibérica en el siglo VIII”, afirmación cuya tendenciosidad ideológica comienza por negar la realidad vascona, navarra, europea y pirenaica, buscando poder encajar a Navarra en su relato historiográfico goticista y castellano-leonés. Pues, como sostienen los historiadores navarros serios, el origen del reino no es precisamente contra los musulmanes, sino sobre todo contra los francos y los neogodos de Oviedo, dando continuidad a la Vasconia de los siglos V al VIII que había hecho frente a los visigodos y francos. Y la mayor contradicción, con dicha versión negacionista, es precisamente que la ayuda inicial de los vascones musulmanizados, los Banu Qasi, permite la consolidación en el siglo IX del Reino de Pamplona.

          Parece que, inconscientemente, se reduce el Derecho a ser el “signo de identidad más característico” de Navarra. El “estatus de Navarra a lo largo de la historia, reflejado muy particularmente en un derecho propio”, cuando lo que ha garantizado los derechos de los navarros no es La conquista de Navarra se interpreta falsificadamente como que “este acontecimiento será trascendental”, así “Navarra pasará a compartir los reyes propios de la monarquía española con el resto de España”. “Uno de los elementos definitorios de una entidad política diferenciada, el fundamental: la sujeción a un mismo poder, es, desde ese momento, compartido, lo que conlleva un cambio sustancial de estatus”. Evidentemente, dejan muy claro con su presentismo que la conquista continua.un signo identitario, sino la plasmación de la soberanía de su sociedad. La finalidad explícita de dicha exposición era “explicar, desde la Historia y el Derecho, la especial naturaleza jurídica de Navarra, para comprender su singularidad en la España constitucional”. Cuando el Derecho es diferente a la identidad, es en sí mismo la plasmación de la soberanía ciudadana que posibilita el ejercicio de todos los derechos, entre los que podría incluirse la identidad. La conversión del Derecho en algo intocable y ajeno a los derechos civiles y políticos de los ciudadanos actuales, además de incongruente resulta contrario a los Derechos Humanos, e igualmente contrario al sistema jurídico propio de la Sociedad navarra, la cual es la única que puede modificarlo y aprobarlo.