Los antidemocráticos esencialismos forales

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Ante los vientos que exigen el muy necesario cambio del caduco régimen político que padecemos, no han tardado en aparecer los conservadores del mismo haciendo proclamas dirigidas a impedir toda modificación de su privilegiado estatus.

Este régimen se apoya en un gigantesco fraude al que se hallan sometidos los navarros. Consiste en la sustitución de los derechos políticos de los ciudadanos y de su sociedad, por unos sacrosantos valores e intangibles esencias, que los ponen fuera de su libre decisión.

La lealtad a Navarra, no puede serlo a un conjunto de esencias o valores supuestamente trascendentes e inmutables (pacto foral, régimen foral, foralidad preconstitucional, comunidad foral, etc.), sino a la sociedad, a la gente, a los ciudadanos en toda su pluralidad y abanico de pensamiento. Navarro no puede ser en la práctica para la mayoría de los ciudadanos una insoportable carga, sinónimo de no derechos democráticos, vaciado de los bolsillos, persecución de la lengua vasca, expolios varios, etc. todo inconvenientes, mientras que los beneficios aquí sólo son para un reducido grupo.

Hay que dejar aclarado que la industrialización de Navarra realizada en los pasados años sesenta no la hicieron estos neofranquistas, entonces del “Movimiento Nacional” y ahora “foraleros” disfrazados, sino unos Diputados pamploneses pragmáticos, junto con los de otras Merindades, desde la Excmo. Diputación Foral, como Felix Huarte y Miguel Javier Urmeneta, a los que apoyó Amadeo Marco. Por contra los actuales ocupantes del Palacio de Navarra no tienen nada que ver ni antes ni ahora con ellos. Ante el cada vez mayor desprestigio del llamado “Régimen Foral de Navarra”, y no sólo desde posiciones “centralistas” del ámbito del Estado español, a los sedicentes “navarristas” se les llena la boca con lo “foral”, actitud dirigida en la práctica sobre todo a cantar las “maravillas” de su “Régimen” ante los ciudadanos navarros, con razonamientos que pretenden ser políticos cuando en realidad esconden una situación de subordinación perversa, camuflándola con presupuestos únicamente esencialistas no democráticos.

Es muy esclarecedor que los actuales responsables gubernativos navarros justifiquen el régimen político imperante en Navarra precisamente en base a un cupo desorbitado y por ello dicen que el llamado “Régimen foral” es responsable, respetuoso y solidario, cuando la solidaridad requiere la previa voluntariedad, pero evidentemente dichas “virtudes” no sirven a la sociedad navarra, que sería lo cuerdo y justo, sino con referencia a un Estado español que se lleva nuestros recursos y no aporta nada, sin haberse preguntado nunca a la sociedad navarra si está conforme con tan ingrato Régimen. De ahí que sus resueltos beneficiarios se cierren en banda ante la nueva posibilidad de someter su Amejoramiento Foral a referéndum de los ciudadanos.

Cómo es posible detraer a una sociedad ya sea la navarra, la canadiense, o la alemana, el 25% de su riqueza sin que ésta no pueda ni pestañear. Al parecer basándose sólo en fundamentos intangibles, valores arcanos y esencias inaccesibles.

El cupo limpio de polvo y paja que entrega Navarra al Estado español, según Juan Cruz Alli, fue “el año 2001 nada menos que 361 millones de euros”. Este donativo se incrementa todavía hasta el doble de la citada cifra con partes del IVA y de los impuestos de carburantes que se queda el Estado y mucho más con la Tesorería de la Seguridad Social …

Pero esas cantidades astronómicas a Juan Cruz Alli y a los otros “foralistas” españoles no le dicen nada, sólo las justifica en que este “régimen foral” entendido como un presunto “privilegio” es “responsable, respetuoso y solidario”, argumentos que ni tan siquiera aparentamente son políticos y que ocultan su brutal esencialismo al tratar de obviar los verdaderos derechos políticos de esta sociedad y la realidad del expolio hacendístico que padece.

En 1841 el Estado español impuso entre otras a Navarra de forma unilateral tres enormes cargas además obsoletas o insostenibles: a) Las aduanas estatales en los Pirineos, que ahora, ciento cincuenta años después han sido suprimidas por Europa, b) El donativo o cupo económico anual para “los gastos del Estado” español y c) El cupo de soldados o tributo de sangre para su Ejército. Este es en resumen la motivación objetiva del Régimen Foral iniciado en 1841, para lo cual segaron la libertad, los derechos políticos, desmantelaron las instituciones del sistema jurídico e hibernaron el Estado navarro por la fuerza, bajo la arcaica esencia de “la unidad constitucional de la monarquía española”.

Desaparecidos los tres mencionados motivos de la imposición violenta de 1841, por la integración europea: unidad económica, aduanera, monetaria y armonización fiscal, así como la desaparición del servicio militar obligatorio. De aquello ya no queda nada, pues la supuesta “unidad constitucional” también no pasa de ser una completa entelequia.

El engaño sobre los Fueros tiene su origen en la conquista de Navarra, cuando los reyes castellanos (españoles por antonomasia) al objeto de buscar el sometimiento de los dominados dijeron que prometían respetar los derechos de los conquistados. Mentira en nada novedosa ya que ha sido repetida por todos los imperialismos en la historia de la humanidad. Alfonso VIII en 1206 desde su capital Burgos prometió a los navarros de Donostia-San Sebastián que les iba a respetar sus derechos (fueros) y que sólo había cambiado la persona del soberano. La falacia se volvió a repetir en varias ocasiones como en 1512 por boca de Fernando “el Católico”, también desde Burgos, dirigida a los pamploneses. Esas son las raíces iniciales de los llamados indebidamente fueros, cuando son en realidad la negación de los derechos políticos propios.

Los navarros lo más urgente que tenemos que alcanzar es el ejercicio de todos los derechos políticos que se nos niegan, como si fuéramos menores de edad. Ni nada ni nadie puede sustraer a esta sociedad para siempre su soberana libertad.

 

Tomás Urzainqui Mina