Sí a Navarra, Nafarroa bai

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Decir sí a Navarra, Nafarroa bai, significa decir claramente no al nacionalismo español, que enmascarado de seudo navarrismo -tras el desmantelamiento de las estructuras de gobierno y participativas propias de los navarros- se apodera, monopoliza y controla las instituciones públicas de Navarra, previamente conquistada, partida y dominada.

El sí a Navarra, quiere decir que basta ya a una falseada Navarra, postrada y sumisa; sin derechos ni libertades; de sustituida lengua, suplantadas instituciones y tergiversada historia.

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Igualmente, el sí a Navarra es el:

No a quienes  someten esta sociedad a intereses políticos y económicos incívicos y antidemocráticos, justificándolo con el engaño de la defensa de un falso navarrismo, que no es más que puro y duro nacionalismo español.

No a quienes destruyen nuestra cultura europea y universal, como lo es el euskera, nuestra lingua navarrorum, patrimonio y derecho de toda la sociedad navarra, de todos y cada uno de sus ciudadanos, sin zonificaciones ni limitaciones territoriales de ningún tipo.

No a quienes borran de forma sistemática nuestra memoria como país europeo, destruyendo el Patrimonio de Navarra en la Plaza del Castillo, en el Palacio Real, en Legarda, Lorca, Castejón o en Itoiz.

No a quienes ponen nuestro patrimonio geográfico y paisajístico al servicio de especuladores, como los que destruyen la Cuenca de Pamplona con planes urbanísticos que concentran en ella a más de la mitad de la población de la Alta Navarra, mientras abandonan a su suerte a buena parte de los pueblos, muchos de ellos sin más futuro que su despoblamiento y desaparición.

No  a quienes hacen negocios de viviendas, mientras su precio crece más de un 70% por encima de la capacidad adquisitiva de la gente. Que se ríen del derecho a una vivienda digna, obligando a hipotecarse con créditos millonarios, desprecian el derecho a disponer de viviendas en alquiler al alcance de todos.

No a quienes utilizan a los emigrantes como mano de obra desesperada, dispuesta a cubrir los peores trabajos, y sin otra posibilidad que la de integrarse en los escalafones más serviles del “Orden”  establecido para evitar su expulsión y poder sobrevivir.

Es decir también no a quienes utilizan “la violencia” con fines políticos, mientras se niegan a condenar el levantamiento militar del 36 y a rendir homenaje a los asesinados por el franquismo en Navarra e insisten en mantener el Monumento franquista de los Caídos y otros símbolos de igual significado.

La experiencia de estos veinticinco últimos años demuestra que la dinámica de los partidos ha ido en detrimento de los fines sociales que decían perseguir, hasta subordinar totalmente sus estrategias a las disputas de puestos electorales y al propio engorde. Resulta inconcebible la conversión que los partidos han llevado a cabo con los ideales, convertidos ahora en convicciones inamovibles; de tanta fe, que cada una de ellas –únicas y verdaderas- son tan importantes que no les importa que gobierne el nacionalismo español.

Esta vergonzosa situación, define quienes la hacen posible, que para más INRI se reclaman defensores de los valores de la izquierda y/o de la “patria”. ¿Dónde se encuentra aquella inteligencia política que hace posible que los sueños colectivos (justicia, solidaridad e independencia) puedan acercarse a la realidad?.

Esta sociedad necesita librarse de modelos políticos caducos que conducen año tras año a la disputa del felpudo franquista, cada día más fuerte. No podemos depender más de quienes son incapaces de poner en común lo que nos une, por encima de sus religiones particulares, empeñados en explicar sus fracasos como resultado de “los otros”.

De la misma manera que no se pueden poner puertas al campo, tampoco es razonable recortar la Navarra entera, Nafarroa osoa, reduciéndola solo a la Alta Navarra, Nafarroa Garaia.

Lo primero es saber con la mayor precisión qué nos pasa a los navarros. Necesitamos  tener un diagnóstico atinado y claro de la situación por la que atraviesa Navarra. Por qué esta sociedad se halla inmersa en muy graves problemas que alcanzan todos los campos. Aquí y ahora no se trata de supuestos maximalismos ni de blandos posibilismos. La gravedad de los ataques, ilegalidades e injusticias nos impide esperar más.

La ciudadanía navarra tiene el legítimo derecho a ser dueña de su existencia y a recuperar las riendas de su gobierno, hoy en manos del poder impuesto, que, sirviéndose de todo su aparato mediático, educativo y coercitivo, la niega, oculta y margina. El enfrentamiento real que aquí se produce es el de la sociedad civil navarra frente al nacionalismo español, que aunque aparenta ser todopoderoso, es minoritario en Navarra y ellos sí que lo saben.

No podemos reducir las acuciantes agresiones que padece esta sociedad a las culturales únicamente, pues resultaría un balón de oxigeno  para el nacionalismo español, feliz con arrinconarnos al gueto forzado de la minoración lingüística. Tras haber impuesto el uniformismo español y francés a esta sociedad abierta, plural e intercultural.

Si no se reconoce aquello que, querámoslo o no, da sentido nacional a una comunidad lingüística, estaremos dando vueltas en la noria de los vecinos, los Estados gran-nacionales dominantes, que sí tienen su historia nacional, según ellos además la única y verdadera, con su sedicente patriotismo constitucional incorporado.

Quienes suscribimos este escrito somos conscientes de que las dificultades se hallan no sólo en la fijación del imprescindible programa de actuación de los futuros electos si no también en la articulación del movimiento social que los sustenta.

En cuanto al programa, al menos deberíamos concretar si el sujeto político es la sociedad navarra en su conjunto, si la Navarra osoa es el marco político de esta sociedad, si Euskal Herria es la comunidad cultural y Navarra es la concreción de la sociedad política y si se concibe la soberanía como una necesidad de la sociedad democrática, para que pueda ejercer sus propios derechos.

Para conseguir que se salga de la marginación actual, es imprescindible que se movilice a todo el electorado sin exclusión de ninguna fuerza ni partido, por lo que hacemos un llamamiento a la unidad que tenga en cuenta a todos los navarros que quieren cambiar el actual estado de cosas.

El movimiento social que haga posible los avances deberá ser amplio, plural y organizado; ya que, con todos los respetos, no van a servir  solo las estructuras partidarias preexistentes. Es preciso articular la amplia base ciudadana por el cambio mediante un foro general que dé cabida e integre a todos los colectivos, incluidos los sindicatos y partidos, para que vaya marcando las pautas a seguir en el nuevo proceso hasta la recuperación de las libertades. No excluyendo ni defraudando a nada ni a nadie, solo a los enemigos de la libertad.

Nafarroa bai podría ser una plataforma que reiniciara la reconversión del nacionalismo vasco clásico hacia parámetros de ciudadanía, basándose en la cultura política navarra igualitaria y participativa, así como en la referencia del Estado de Navarra, al objeto de lograr la autoestima necesaria para que nuestra sociedad civil se reconstituya en sujeto político y recupere su Estado propio, en Europa y en el Mundo. Desde esa perspectiva puede ser una iniciativa positiva; en caso contrario puede ser una nueva fuente de frustración y desilusión.

Nafarroa bai, una plataforma social, inicialmente circunscrita a Nafarroa Garaia, podría y debería, con toda propiedad y legitimidad estar destinada a protagonizar la lucha política por las libertades en el conjunto de la Nafarroa osoa.

Esperamos del buen hacer de los ciudadanos que están formando y apoyando esta candidatura, partidos, sindicatos, movimientos sociales, iniciativas ciudadanas, colectivos e independientes, que no echen en saco roto estas meditadas reflexiones y propuestas, cuyo seguimiento observaremos.