Una sociedad subordinada, la navarra

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Sobre la existencia aquí de “sociedad civil” disertaba y consideraba “que, en Navarra está muy muerta” nada menos que, el Vicepresidente Segundo y Consejero del Economía y Hacienda del Gobierno de Navarra, Álvaro Miranda. Afirmación que sorprende más en su boca, a primera vista, por su aparente espontaneidad y franqueza.  Peri aún concreta más, ¿A qué se refiere con sociedad civil?, contesta: “a colegios profesionales, asociaciones, gente que se agrupa. Y de eso en Navarra hoy muy poco. Siguen opinando los mismos que hace 20 años: Gobierno, patronal, sindicatos y Cámara de Comercio”. Entonces la siguiente aclaración debía haber sido ¿A qué Navarra se refiere Vd.?.

Lo cierto es que este político se está refiriendo a una Navarra oficial, sumisa y colaboracionista con el poder del Estado, no se refiere a la sociedad navarra asociativa, viva, pero negada y ocultada.

No sabemos con que grado de conciencia y voluntad, pero ha dado en la diana, al descubrir lo que ya otros denunciamos o padecemos, que la sociedad navarra se halla negada o hibernada. Cuando él, como observador privilegiado, dice que, en Navarra la sociedad civil está muy muerta, y que siempre son los mismos los que opinan, refiriéndose  solamente al Gobierno de Navarra y a algunas organizaciones sindicales y empresariales, está suponiendo que todos los demás no opinan. Quizá será porque no quieren, o no son sociedad civil, o no son navarros. Pero evidentemente en general todos los seres humanos quieren no sólo opinar, sino decidir sobre lo que les incumbe porque tienen derecho a ello. Algo que no comparte el actual el Gobierno de Navarra ni su Vicepresidente y Consejero.

Hay que partir de la comprensión de la sociedad civil como un todo aún en su pluralidad extrema, pues tratarla parcialmente traerá como efecto disminuirla y subordinarla. Todos sus aspectos,  economía, política, cultura,  se hallan interrelacionados, ninguno de ellos puede entenderse aislado. Si falta alguno de ellos, el conjunto de la sociedad, como sistema no se halla en su plenitud y libertad.

El poder dominante ante la presión que la sociedad civil subordinada llega a ejercer, se ve obligado a veces a consentir, pero poniendo toda clase de limitaciones y trabas, en la utilización de algunos aspectos del acervo negado, ya sea cultural, social, económico o político, pero siempre de forma inconexa y desmembrada.

Así, por ejemplo, si la sociedad subordinada reivindica utilizar su lengua propia, frente al monopolio de la lengua del poder, se llegará a permitirle que, con gran esfuerzo, pueda mantener escuelas en su idioma, pero siempre limitando los contenidos docentes y siempre de forma supeditada a la lengua dominante del Estado, pero sobre todo sin que se le permita relación con los otros aspectos del sistema tanto económicos, sociales como políticos, y nunca entendido como derecho irrenunciable de la sociedad civil subordinada.

En el campo de los derechos económicos la sociedad civil dominada se halla inerme bajo el expolio que padece. A este respecto, acaba de hacer público el mismo Consejero de Economía y Hacienda que, el cupo a entregar al Estado este año es de 700 millones de euros y que el “otro cupo”, vía superavit tesorería de la seguridad social, no regulado en el convenio económico, es de 600 millones de euros este año, a lo que hay que añadir los impuestos sobre carburantes, el IVA, etc., alrededor de 2000 milones de euros que se quita a la sociedad navarra sin reinversión apreciable. Ejemplos de ello la implicación de los responsables políticos en desvíos ilícitos de fondos públicos, corrupción y caciquismo. Para ello necesitan la ocultación y hasta la demonización de la sociedad civil real.

La subordinación política, se plasma en la muralla que cada día se cierra frente a los derechos democráticos de los navarros a que se cumpla su voluntad política, cuando estos manifiestan democráticamente su decisión de cambio político. Así, el fiasco del PSOE Y UPN, para evitar la entrada en el Gobierno de fuerzas políticas representativas de lo que quiere la mayoría del conjunto de la sociedad civil navarra. La subordinación social, está ejemplificada en el veto a las fuerzas sindicales navarras que no dependen de UGT y CCOO.

Puede ser que, este destacado miembro del Gobierno, confunda la impostura que ellos mismos le montan a Navarra, con la realidad. Quizá no se ha apercibido de que en Navarra la sociedad civil real se ve obligada a arreglarse por sí sola para poder hacer frente a las consecuencias de la negación a que está permanentemente sometida. Lo que ocurre, en todos los campos y facetas, desde la Educación a la Hacienda Pública, los derechos sociales, políticos y civiles, de la economía a la cultura, de la sanidad y la medicina en general, los medios de comunicación, los idiomas, el patrimonio monumental y arqueológico, etc.

Ante los desmanes del poder dominante, la sociedad subordinada tiene toda la legitimidad y derecho para reaccionar y organizar su defensa. Entre nuestros símbolos colectivos se halla precisamente el de los “infanzones de Navarra”, que solían reunirse en Obanos, cuya divisa era “pro libertate patria gens libera state”. Contemporánea de la “liga lombarda” y con un objeto semejante. Su existencia fue temporal siglos XIII y XIV durante el tiempo en que la Corona de Navarra estuvo en manos de la casa de Francia (1270-1335). Dominio que, ante la insuficiencias del Estado, la sociedad civil se hizo cargo de aspectos tan señalados como la seguridad, la administración de justicia y la defensa. Su función no fue necesaria cuando el Estado navarro volvió a prestar dichos servicios públicos. Hoy la garantía del cumplimiento de los derechos humanos, civiles y políticos, así como la soberanía social imprescindible para que exista la sociedad soberana.

 

Tomás Urzainqui Mina