¡Qué vivo está Xavier Mina!             

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           Navarra y México “comparten un prócer que honró a su patria natal y a su segunda patria”. Estas palabras recientes de la gran historiadora mexicana Guadalupe Jiménez Codinach -en un trabajo colectivo titulado “Javier Mina y la independencia mexicana”,  Cap.I, estudio I, pág. 144-  tienen un significado innovador, por exacto y científico, pues son una lograda síntesis de que al mismo tiempo se está redoblando el interés por este navarro, libertador e internacionalista, en su bicentenario, al que se suma la aportación de descubrimientos de trascendental información, hasta ahora ignorada -que en breve será publicada- sobre su vida en Navarra. Tanto es así que el factor navarro resulta imprescindible en la biografía de Xavier Mina, pero sin embargo, debido a variadas circunstancias políticas e ideológicas concurrentes, y a pesar de su importancia determinante, hasta ahora prácticamente no se había  tenido en cuenta. Asimismo se constata la atención creciente hacia su figura en América y Europa, por su testimonio precursor y perenne a nivel global. Debido a ello, a lo largo del presente año, van a tener lugar nuevas ediciones de libros, varios ciclos de conferencias en el Museo de Historia Nacional de México, universidades, centros académicos y culturales de diferentes ciudades del mismo país, así como en Navarra.  Xavier Mina es Benemérito de la Patria en Grado Heroico, por su lucha y sacrificio a favor de la independencia del pueblo mexicano; su nombre está grabado en letras doradas en el Congreso de la Unión, o Asamblea Nacional de México, sus restos descansan en el Monumento a la Independencia y su imagen y nombre figura en monedas, calles, colegios, aeropuerto, hasta una ciudad lleva su nombre.

Estaba escribiendo estas líneas cuando me ha llegado la mala noticia del fallecimiento de su biógrafo más reconocido Manuel Ortuño Martínez. A raíz de la publicación de su magnífico  libro “Xavier Mina Guerrillero, liberal, insurgente” por la Universidad Pública de Navarra tuve la oportunidad de entablar relación con él. Gracias a su educado y humano trato, además de por la lectura de sus numerosas obras sobre el héroe navarro y mexicano, accedimos muchos al ilimitado mundo de Xavier Mina. Manifestó que quería llegar con sus noventa años al bicentenario de su adorado personaje y lo ha conseguido. Estoy seguro que Manuel Ortuño se hallará muy presente en todos los actos que tendrán lugar este año y como el hubiera deseado quedará ya definitivamente unido a la figura de su biografiado.

Xavier Mina Larrea (1789-1817), nació en Otano (Valle de Elorz), en una fecha tan evocadora para el fin del antiguo régimen, a escasos doce  kilómetros de la ciudad de Pamplona, en la cual vivió con intensidad en tres cruciales periodos: el de su formación hasta 1807, en 1808-1809 antes de hacerse cargo de la dirección de las guerrillas y en 1814 en los prolegómenos del llamado pronunciamiento de Pamplona; concluyendo en la capital de Navarra la enseñanza primaria en 1802 y los estudios entre sus 14 y 18 años hasta 1807; tanto él, como buena parte de los profesores y muchos condiscípulos, estaban formados en los principios de la ilustración que se extendían sobre todo por Europa dede 1789, de la igualdad, la libertad, y de los derechos del hombre, al tiempo que se fue instruyendo en la historia de Navarra, también tuvo ocasión de que veteranos de la guerra de la Convención le impartieran sus conocimientos militares, pronto Xavier Mina se distinguió entre los ilustrados y estudiantes de Pamplona, algunos de los cuales pasaron, menos de dos años después, a estar a sus ordenes como voluntarios, de soldados y jefes. Al no permitir la Corona española continuar sus estudios universitarios, al igual que a los demás estudiantes navarros en su capital, tuvo que abandonar Pamplona y dirigirse a la universidad de Zaragoza. En 1808 encabezó la toma del rectorado de dicha universidad por los estudiantes que arrojaron el retrato de Godoy, fue luego el primer Comandante General de las guerrillas de Navarra contra el ejército de Napoleón (1809-1810), durante cuatro años fue prisionero político de Napoleón, luego organizó el pronunciamiento de Pamplona en 1814 y la expedición libertadora de México desde 1815 en Inglaterra, Estados Unidos y Haití.

En el presente año de 2017 se cumple el bicentenario de su muerte, con 28 años, el 11 de noviembre de aquel año -tras siete meses combatiendo duramente al ejército colonial español- a manos de los partidarios del poder monárquico, absoluto, teocrático e imperialista, cumpliendo las órdenes del rey de España Fernando VII, por su virrey Juan Ruiz de Apodaca; fue víctima de un asesinato político por ser defensor de los derechos del hombre, la libertad, igualdad e independencia de los pueblos, en concreto el de México.  Se puede observar que al tiempo de la muerte de Xavier Mina comienzan los primeros síntomas de la polarización interna de la sociedad navarra, que ha durado hasta hoy. La división ideológica de la sociedad navarra, a partir de entonces, ha impedido la necesaria unidad “de los navarros en la defensa de sus libertades, libertades aún más dignas de amor que la propia vida” según difunde el Monumento a los Fueros, levantado en 1903. Los homicidios de los que fueron víctimas  casi todos sus compañeros oficiales y la continuidad de las fratricidas guerras civiles hasta hoy, son efectos de la mencionada partición de la sociedad navarra.

“La patria no está circunscrita al lugar en que hemos nacido, sino más propiamente, al que pone a cubierto nuestros derechos personales”, esta frase tan actual de Xavier Mina, inserta en su Proclama publicada en Gálveston el 22 de febrero de 1817, aunque va dirigida en concreto a los europeos que están en America para animarles a que adquieran esta nueva  pertenencia, también deja clara su avanzada concepción de que la patria, o sociedad política,  es ante todo aquella que garantiza el conjunto de los derechos propios de las personas y no tanto el territorio u origen.

Tomás Urzainqui Mina