La Navarra marítima

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Los territorios de las actuales Araba, Gipuzkoa y Bizkaia nunca fueron independientes. Larramendi, Arana y otros, con el objeto de sustentar diferentes tesis político-pactistas defendieron una supuesta independencia originaria de los citados territorios. Algunos autores, por el contrario, defienden la pertenencia de los mismos a Castilla, equivocadamente. La separación del resto de Navarra no fue libre. Tampoco la unión a Castilla fue libre; no hubo ni pacto, ni adhesión, ni anexión, sino conquista, ocupación y dominación.

Los navarros son los vascos del Reino de Pamplona. Navarro es ante todo un concepto jurídico-político. En el Codex Calixtinus se denomina navarros a los habitantes de Araba y Bizkaia. En el Fuero de San Sebastián se llama navarros a los naturales del territorio.  Desde el año 1.160 el conjunto  de la territorialidad es denominado Navarra, dejándose de enumerar todos los territorios en ella comprendidos: Pamplona, Tudela, Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. Como se manifiesta en las alegaciones al Laudo Arbitral de Londres de 1.177, son Navarra por “la fidelidad probada de sus moradores naturales”. A partir de la conquista del año 1.200 ser navarro en los territorios occidentales conquistados es castigado como alta traición por el  Rey de Castilla.

El escudo de Navarra con las cadenas es el legítimo en los territorios de la actual Comunidad Autónoma Vasca.  El símbolo político de Navarra  era el de los territorios conquistados en 1.200 por Castilla, pues dicho escudo aparece reflejado con varias décadas de antelación a la citada conquista, dando fe de ello  la Biblia de Pamplona, la representación de San Miguel en Estella y  la portada de la catedral de Chartres. El símbolo de la bandera roja con las cadenas  doradas de Navarra, al contrario de lo por demasiado tiempo sostenido equivocadamente, pertenece al conjunto de los territorios navarros, como lo demuestra su representación gráfica antes de la batalla de  las Navas de Tolosa y durante el siglo anterior a la conquista de la Navarra occidental, o marítima,  por Castilla en 1.200. La figura representa como constante, dos cruces superpuestas con una piedra preciosa en el centro, o carbunclo. Que tiene como variantes los extremos flordelisados o círculos o eslabones, unidos por barras, o simplemente cadenas.. Pero la  representación estética permanece, en lo fundamental, invariable durante más de novecientos años.

El Derecho de estos territorios de la Navarra marítima es el Derecho navarro. El cual pertenece por antonomasia al derecho pirenaico. Tanto el Derecho público como el Derecho privado son originariamente Derecho navarro. Los reyes de Castilla confirmaron los Fueros navarros al objeto de obtener la sumisión de los dominados. Aunque más tarde intentaron por todos los medios suplantar dicho Derecho por el de Castilla, con menores o mayores resultados.

Se hallaban dentro de las fronteras internacionales de Navarra. Así lo acreditan las fuentes musulmanas. La concordia del año 1.016 entre el Rey Sancho III el Mayor y el Conde de Castilla. El pacto de Támara de 1.127 entre el Rey de Pamplona y Aragón Alfonso I el Batallador y Alfonso VII de Castilla. El Laudo Arbitral de Londres de 1.177 otorgado por el rey de Inglaterra Enrique II  para el Rey de Navarra Sancho VI el Sabio y el Rey de Castilla Alfonso VIII. Es precisamente en la quiebra de la territorialidad de Navarra por parte de Castilla, donde está el origen del conflicto histórico que hoy enfrenta a España con Euskal Herria.

Navarra es activa en el renacimiento europeo del siglo XII, como un foco cultural notable por sus traductores, escritores y artistas. Lo atestiguan los autores y obras conocidas, las únicas y ricas Biblias de Pamplona, así como la importante contribución  al arte románico.

Los puertos navarros participan en el resurgir de la actividad naval europea de los siglos XI y XII. Los barcos navarros comerciaban en el mar del Norte y en el Mediterráneo, como lo acreditan el documento de la ciudad hanseática de Brujas del año 1.200 y la presencia de los comerciantes navarros en el mercado de  Alejandría en 1.170  según lo constata Benjamín de Tudela. La construcción naval alcanzó importantes avances técnicos, como el timón de codaste, también llamado a la navarresa o a la bayonesa. Asímismo el derecho marítimo navarro es  de los más antiguos de Europa con el Fuero de San Sebastián, contemporáneo al rol de Olorón inglés de 1.152 y  anterior al Libre del Consulat del Mar y Ordenanzas de Barcelona de 1.258.

Irlanda fue invadida el 17 de Octubre de 1.171, pero los ingleses consideran que se hizo por motivos económicos y no resultan diferentes a los que movieron a los castellanos y que también podrán reconocer sus sucesores españoles. Los historiadores navarros son ratificados en su versión de los hechos por los historiadores castellanos, en cuanto a que  la pérdida de la independencia  de la Navarra occidental fue mediante conquista militar. Las injerencias del Papado fueron constantes en los momentos álgidos del enfrentamiento con Castilla, inclinándose siempre a favor de los intereses de esta última. La conquista se realizó con la efectiva destrucción del sistema defensivo navarro, demoliendo e inutilizando las  fortificaciones navarras. A partir de la conquista, los tribunales de justicia dependen de los de Valladolid, el ejército de ocupación es castellano y los funcionarios judiciales, gubernativos y militares, como los corregidores, son castellanos.

El 16 de agosto de 1.212, Alfonso VIII de Castilla, desde Burgos, decretó la sustitución  de la soberanía en San Sebastián, que la tenía Sancho VI Rey de Navarra “in regno suo”. La fórmula es la misma, en lo fundamental, que la empleada por Fernando el Católico con respecto a Pamplona, en su decreto fechado  también en Burgos el 4 de Agosto de 1.512. Sin embargo, se confirmó y extendió  en un principio la foralidad navarra en los territorios conquistados. El conquistador y ocupante buscaba con ello la desmovilización y sometimiento, dando pie al engaño del  llamado pacto político. Los derechos confirmados constituyen fundamentales retazos de la estatalidad navarra.  A la pregunta de si nos encontramos ante una foralidad navarra o  vascongada, los hechos demuestran que lo vascongado camufla lo navarro para contentar a Castilla y después a su Estado sucesor.

La unidad territorial de Navarra fue recuperada en algunos momentos. Hubo simulacros de recuperación que se reflejan expresamente en los siguientes acontecimientos: en el testamento de Alfonso VIII, publicado por el P. Fita; en los acuerdos de Sancho VII el Fuerte con  Fernando III el Santo de Castilla; en los tratados de Teobaldo II de Navarra con Alfonso X el Sabio de Castilla y de Enrique I de Navarra con el  Infante D. Felipe de Castilla; y el convenio de Carlos II Rey de Navarra con el Concejo de Fuenterrabia. Sí que hubo una liberación efectiva entre los años 1.368 y 1.373 como consecuencia del Tratado de Libourne, gracias al interés del Rey Carlos II de Navarra. En el año 1.460 la Sonsierra cuya capital  es Laguardia, hoy denominada Rioja alavesa, fue arrebatada a Navarra por el Rey de Castilla. Navarra liberó  Fuenterrabia entre los años 1.521 y 1.524 como un episodio de la guerra iniciada en 1.512 para recuperar la independencia contra la invasión por  Castilla. Los alardes de Tolosa e Irún, así como el hecho de los cañones de Velate, hacen referencia a los enfrentamientos castellanos contra Navarra. Además de lo ya expuesto en general, por su cuenta Fuenterrabia e Irún se reincorporaron a Navarra durante algunos años. Entre 1.638 y 1.655 Fuenterrabia no asistió a las Juntas Generales de Guipúzcoa. Ambas localidades se reincorporan a Navarra durante nueve años de 1.805 a 1.814. El 21 de septiembre de 1.936 concejales de los ayuntamientos de Fuentarrabia e Irún acudieron a Pamplona para solicitar la reincorporación a Navarra.

“La Navarra marítima”, calificación  real y cierta, emerge  imparable para retirar un  gran telón largamente tejido, tras el que se ocultaba que tan navarros eran los de San Sebastián, Durango y Vitoria como los de Estella, Pamplona y Tudela. Ocultamiento que ha facilitado que desde hace años, sobre todo por un sector político,  famoso por sus reiteradas excusas,  no pedidas, de que “no es antivasco”, se aprovechara para martillear algo tan falso como que Navarra y Euskal Herria son dos pueblos diferentes. Lo que a una buena parte de los medios de  conformación de la  opinión en el Estado español les ha servido para urdir esta impostura asumida y desarrollada machaconamente.

Tomás Urzainqui Mina