Una sociedad desestructurada

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Una sociedad desestructurada

 

Lo que hoy contemplamos como un mosaico de territorios y de conjuntos humanos aparentemente inconexos, son la consecuencia de una concienzuda labor de desestructuración llevada a cabo por poderes de sociedades ajenas, quienes a lo largo de los siglos han logrado la subordinación de la sociedad que habita en el ámbito geográfico comprendido por las dos grandes cuencas pirenaicas del Ebro y Garona.

             La unidad social, cultural y económica, así como su territorialidad jurídica y política es de las más antiguas de Europa. Roma tuvo que reconocer esta realidad y consagrar la independencia política de Vasconia (Novempopulania), con respecto a las Galias, y la Tarraconense, con referencia al resto de la península ibérica, a través de los magistrados Verus de Hasparren y Caius Cornelius de Pamplona.

             La complementariedad de los vascones de ambas vertientes del Pirineo les condujo a reforzar sus vínculos socio-políticos y militares tras la caída del Imperio romano hasta la consolidación del Reino de Pamplona como estructura política de los vascones de cuyas fronteras dan fe las fuentes documentales musulmanas que las sitúan al norte de las ciudades entonces musulmanas de Tudela, Zaragoza, Huesca y Lérida en los siglos IX, X y XI. Es decir, durante más de mil quinientos años la sociedad vascona estructura políticamente el ámbito territorial circumpirenaico.