El 15 de agosto, una verdad rodeada de falsedades

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      Si bien el hecho de la batalla de Orreaga ocurrió realmente, pronto se intentó difuminar qué es lo que allí había pasado, quiénes intervinieron y sobre todo qué consecuencias tuvo. El hecho en sí, y quienes combatieron, está probado de un lado por los documentos conservados y, por otro, con los efectos que dicha batalla trajo consigo para las personas que vivían en un radio de doscientos kilómetros alrededor de Orreaga, especialmente la consolidación de la independencia de los vascones frente a los francos. El primer documento de que se tiene noticia son los anales carolingios, redactados por Éginhard bajo el reinado de Luís el Piadoso, hijo de Carlomagno, donde se recoge el ataque -al regreso de la expedición a Hispania- que sufrió su ejército,  después de haber derribado las murallas de Pamplona-Iruña,  durante el paso de los Pirineos, a manos de los vascones.

      Pierre Narbaitz, al igual que los autores de otras muchas investigaciones, marca con cierta aproximación el lugar de la batalla, “el escenario, o por lo menos como punto de inicio, la tradicional vía romana Burdeos-Astorga, por encima de Ibañeta, sin duda no lejos de Bentarte”. Lo que coincide con el tramo de la calzada romana de seis metros de anchura que corta la ladera norte del Txangoa a lo largo de casi tres kilómetros, hoy en buena parte cubiertos por las hayas. Dicho lugar por su valor estratégico ha sido escenario de repetidos enfrentamientos armados, por ello y para proteger el idóneo paso de los ataques se levantó la torre de Urkulu y el Chateau Pignón o Castillo del Peñón. La mecánica de la batalla se desarrollaría, con rapidez, así,  mientras se produce el agrupamiento del ejército vascón en la cara sur del Txangoa, permiten pasar a la mitad de la armada franca, dejándose a continuación caer desplegados ladera abajo por la vertiente norte del Txangoa sobre la calzada, en donde circulaba ya la retaguardia franca, formada por varios miles de soldados que, batidos con gran fuerza sobre la estrecha y alargada plataforma que forma la calzada, corren a refugiarse ladera abajo fuera de la misma donde son rematados por el resto del ejército vascón que allí les esperaba emboscado. El historiador Bernard Gicquel sugiere a este respecto que no fue Carlomagno sino su hijo, Luís el Piadoso, el que padeció el verdadero ataque de los vascones a sus tropas en Orreaga, pero el año 824. Entiende que los hechos atribuidos a Carlomagno en el 778 y el personaje de Roldán son ficticios y le sirven a Luís el Piadoso para excusarse de “haber sufrido allí una derrota, pues aquella desgracia ya le había ocurrido a su padre”. No obstante, están suficientemente documentadas las tres sucesivas batallas de Orreaga, en 778, 812 y 824. A consecuencia de esta victoria nace dicho año el reino de los vascones o de Pamplona con Eneko Aritza como primer rey.

     En cada época, se ha utilizado la batalla de Orreaga, relacionada con la leyenda de Compostela, para diversos fines políticos. Sobre el hecho cierto, de una victoria de los vascones, se han superpuesto relatos figurados -a cual de ellos más fantasioso si cabe- que constituyen cuatro temas principales -Santiago, La Chanson de Roland, Castilla seudoprotagonista y las calumnias a los navarros-, que con evidente intencionalidad han ido negando la realidad política y el derecho a existir a la sociedad circumpirenaica que objetivamente no es francesa ni española.

     Primero, “Santiago”. La más rotunda oposición conocida a la leyenda de Compostela la protagonizó el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, el 13 de noviembre de 1.215, antes del comienzo del Concilio de Letrán IV. El arzobispo de Compostela pretendía la primacía sobre el de Toledo por alegar que Santiago -que jamás estuvo en Hispania había sido el iniciador del santuario de Compostela. El de Toledo dijo que dichas afirmaciones no tienen “otro crédito que el que se puede conceder a los cuentos de las niñeras”. La antigüedad de la iglesia de Compostela según Jiménez de Roda data apenas de 109 años. Cesar Baronius (1538-1607), futuro cardenal, confesor del Papa Clemente VIII (1595-1605), funda su crítica a Santiago sobre la base científica del estudio de la “Leyenda de Compostela” y también sobre otros autores antiguos que habían ignorado la existencia de las leyendas compostelanas, en particular una carta del Papa Inocencio I (401-417) donde se aseguraba que Pedro y Pablo habían enviado no a Santiago si no a siete obispos para evangelizar España. En 1879 dicen que “se encuentra” el cuerpo de Santiago, mezclado con los cuerpos de sus dos discípulos; descubrimiento “autentificado” el 1 de noviembre de 1884 por la bula de León XIII. Sin embargo,  dicho Papa no dice en absoluto como conclusión que las reliquias de Santiago estén allí, confirma únicamente la sentencia del arzobispo, la cual, según ella misma no habla más que de reliquias “que, se dice, se dicen son de Santiago el Mayor”. “Que se dice”, lo que está en contradicción con la afirmación de “que son”.

      Segundo, “La chanson de Roland”. Hay autores que adjudican dicho relato al Obispo francés de Pamplona, Pedro de Anduque (1083-1115), como primer interesado en promover Roncesvalles, promocionarlo con el tema del piadoso Roland traicionado por Ganelón. La apuesta por poner en valor Roncesvalles a través de una infraestructura monástica que era preciso rentabilizar, por lo que, antes de 1.135, se redactó el relato relacionándolo con la vía de peregrinaje a Santiago que coincide con la instalación de los canónigos de San Agustín en el hospital de Nuestra Señora de Roncesvalles en el año 1.132.  Una primera redacción del texto parece remontarse al año 1.133, en el cual todavía no se había insertado el famoso retrato contrario a los navarros. El mito literario de Carlomago y de Roldán, derrotado ahora por los musulmanes, tiene el efecto de haber incitado a las abadías a dotarse de este discurso novelesco, multiplicando las copias del seudo Turpín para intoxicar a los monjes con la ideología política y de cruzada.

     Tercero, el seudoprotagonismo de Castilla. El Papa Calixto II (1119-1124) convoca una cruzada que le permite a su sobrino Alfonso VII de Castilla proclamarse  “emperador”. Para ello, según Turpín, Arzobispo de Reims, en su relato llamado “Proto Turpín”, Carlomago incitado por Santiago marcho a conquistar y liberar la tierra de musulmanes. En este tiempo alguna crónica expone ya que las tropas de Carlomago en vez de haber sido derrotadas por los sarracenos -según la impostura de la Chanson de Roldand- cuando volvían a Francia, habrían sido derrotadas nada menos que por los castellanos que les habían impedido regresar a su suelo. En la Crónica “del emperador” Alfonso VII la imagen de Carlomagno que se refleja no es la de su biógrafo Éginhard ni la de los “anales carolingios”, sino la de la apología política de la cual el seudo Turpín es un testimonio “…el rey del imperio de Toledo, este era Alfonso que tiene el título de emperador, y que seguía los altos hechos de Carlomagno, ya que quería ser igual que el”. El rey de Castilla, en la “Crónica de Alfonso VII”, se declara, a propósito de su coronación como emperador partidario de una visión que asumía el sueño de una supuesta soberanía española hasta el río Ródano, que habría existido según el monje de Silos antes de la invasión visigótica: “los reyes españoles gobernaron del Ródano hasta el mar que separa Europa de África”. Poder imperial castellano al cual el arzobispo de Compostela añade una dimensión espiritual.

     El cuarto, las calumnias a los navarros en el “Codex Calixtinus”. En la versión antigua del “Libro de los Milagros” se incluye un pasaje que constituye la urdimbre de una falsificada historia de Navarra a partir de una leyenda imputada a Julio Cesar. Esta versión en los manuscritos anteriores no figura. Se dice en él que los navarros no forman un pueblo homogéneo. Son producto de tres poblaciones diferentes: los nubianos, los irlandeses -llamados en el texto escoceses- y los caudati de Cornualles. Según el texto estas poblaciones habrían expulsado a los españoles de las regiones que les pertenecían en propiedad. Los caudati son los equivalentes de los cagots franceses, término por el que se designa a los leprosos. El hecho de que se les tenía como originarios de una línea no auténtica, que hacía  de ellos seres humanos manifiestamente de segunda categoría. Que una tal asimilación de navarros a leprosos tenga su plaza en el “Libro de los Milagros”, a continuación de la primera versión del “seudo Turpín”, trata de sugerir la presencia bajo Carlomagno “del emperador” de España, el rey de Castilla Alfonso VII, del cual los navarros eran sus adversarios. En el momento que Alfonso VII de Castilla busca la ocasión propicia para apropiarse del reino de Navarra, la presentación de sus habitantes como semisalvajes, justifica implícitamente una conquista de Castilla bajo los colores aparentes de una empresa civilizadora. Lo que fue el prolegómeno de la conquista por Castilla de la Navarra marítima en 1.200, así como en 1.512 y en 1620 por los franceses.

      El “peregrinaje de Santiago” que aparece en el manuscrito de Ripoll intensifica el discurso contra los navarros. Mientras que en la primera versión del “Libro de los Milagros” no lo llevaba más que en el último párrafo del “peregrinaje de Santiago”, que explica la manera muy poco amena de la presencia de esta población, de nuevo desarrolla una descripción de sus costumbres que va exactamente en el mismo sentido. Está hecha para recordar el origen imputado a los navarros. En esta versión, el tenor  general es la identificación de los navarros con los gascones, comprendiendo de forma unitaria a toda Vasconia. Visten de la misma manera, se parecen por sus costumbres en la mesa y en el acostamiento colectivo, y por su lengua no menos animal que su manera de alimentarse. Su mentalidad también es comparable y parcialmente idéntica a la de los gascones reconocidos “deslenguados, borrachos, glotones”, con una exageración sensible en todos los dominios, en particular en lo referente al impudor.

     Al manipular, a través de intencionados relatos fantasiosos, el acto victorioso de resistencia del pueblo vascón al imperialismo franco se convierte en una fuente de relatos literarios de velada apología de las conquistas. Así la justificación al expansionismo de Francia y España deviene desde este origen local intraeuropeo, por un efecto dominó en el inicio de las empresas coloniales de las naciones europeas en todo el mundo: Portugal, España, Holanda, Inglaterra, Francia … El 15 de agosto es una buena oportunidad para acudir a Orreaga, siguiendo la convocatoria de Etxabarrengoa elkartea y Orreaga fundazioa, al acto que comienza a las doce horas en la Colegiata, para dejar testimonio de defensa y afirmación de la unidad, la libertad, el euskera y de la recuperación de la soberanía de esta sociedad, en el lugar de la victoria vascona que  consolidó la independencia de Navarra. Pro Libertate Nabarra.

                                                                                                       Tomás Urzainqui Mina

Abuztuaren 15a, faltsukeriaz inguratutako egia

            Egia da Orreagako gudua gertatu zela, baina laster ahalegindu ziren lausotzen han zer gertatu zen, nork parte hartu zuen eta, batik bat, zer ondorio eragin zituen. Hainbat agiri gordetan egiaztatuta dago, batetik, gertakaria bera eta nor borrokatu zen, eta, bestetik, zer ondorio eragin zizkien Orrega aldean berrehun kilometroko inguruan bizi zirenei —batik bat, baskoiek frankoekiko independentzia sendotzea—. Karolingioen urte liburuetan dago jasota lehenbiziko aldiz; Eginhardek idatzi zituen, Karlomagnoaren seme Luis I.a Errukitsuaren erregealdian, eta han ageri da nola eraso zioten baskoiek Karlomagnoren armadari Hispaniako espediziotik itzultzean, Iruñeko harresiak eraitsi eta gero Pirinioetatik barrena zetorrela.

             Pierre Narbaitzek, beste ikerketa askoren hainbat egilek bezala, nahiko fin zehaztu du gudua non gertatu zen: “Gertalekua —edo, behintzat, abiaburua—: Bordele-Astorgako erromatarren galtzada tradiziozkoa, Ibañetaren gainetik; Bentartetik ez oso urrun, zalantzarik gabe”. Hala, bada, lasterra izan zen guduaren mekanika: Txangoaren hegoaldean bildu zen baskoien armada, eta, gutxi gorabehera, frankoen armadako erdiei utzi zieten iragaten; gero, maldan behera hedatu ziren Txangoaren iparraldetik galtzadaraino. Ordurako, galtzadan zebilen frankoen atzeragoardia, milaka batzuek osaturikoa; eta galtzadak euskarri zuen plataforma estu eta luzangan indarrez ekin zietenez, maldan behera ihes egin zuten babes bila, baina han behean zeuzkaten itxaroten gainerako baskoiak, eta segadan harrapatu zituzten. Nahiko ongi dokumentatuta daude Orreagako hiru guduak, bata bestearen atzetik gertatu baitziren: 778an, 812an eta 824an. Azkenekoan irabazi eta gero, urte hartan bertan sortu zen baskoien edo Iruñeko erresuma; Eneko Aritza izan zuten lehenbiziko erregea.

           Garaian-garaian, Santiagoko kondairari lotuta erabili izan dute Orreagako gudua, hainbat helburu politiko lortzeko asmoz. Egiazkoa izan zen baskoien garaipena, baina hari beste hainbat kontakizun alegiazkok hartu diote gaina —zein baino zein fantasiatsuago dira—. Lau izan dira horietako gai nagusiak: Santiago, Errolanen kanta, Gaztelaren sasi-protagonismoa eta nafarrei eginiko laidoak; horiek guztiek, intentzio ageriko batez, ukatu egiten diote dagokion errealitate fisikoa eta existitzeko eskubidea Pirinio inguruetako gizarteari, zeina ez baita, objektiboki, ez Frantziakoa eta ez Espainiakoa.

            Lehena: Santiago. Santiagoko artzapezpikuak Toledoren gaineko nagusitasuna bereganatu nahi zuen, argudiatua baitzuen Jakuek ez ziola bide eman Santiagoko santutegiari —ez baitzen sekula izan Hispanian—. Toledoko artzapezpiku Rodrigo Jimenez de Radak esan zuenez, berriz, “halako baieztapenak ez ziren haurtzainen ipuinak baino sinesgarriagoak”. Cesar Baroniusek ere (1538-1607) kritikatu egin zuen; Santiagoko kondaira azterlanean eta Inozentzio I.a Aita Santuaren gutun batean (401-417) oinarritu  zen —haren arabera, Petrik eta Paulok ez zuten Jakue bidali Espainia ebanjelizatzera, baizik eta beste zazpi apezpiku—. 1879an “aurkitu bide zuten” Jakueren hilotza. Hala ere, Leon XIII.a Aita Santuak ez zuen bakarrik artzapezpikuaren sententzia berretsi. Haren arabera, antza denez, erlikia batzuk baino ez ziren: “Diotenez, Jakue Nagusiarenak omen dira”.

            Bigarrena: Errolanen kanta. Zenbait egilek Iruñeko apezpiku frantses bati egozten diote kontakizuna: Pedro de Anduqueri (1083-1115), huraxe izaki lehenbiziko interesatua Orreaga sustatzen, Errolan errukiorraren gaia zela eta —Ganelonek saldua, eta Donejakue bideko erromesaldiarekin lotua—. Errolanen eta Karlomagnoren mito literarioa sortu zen; haren arabera, musulmanek garaitu zuten hura. Testuaren lehenbiziko idatzaldian artean ez zuten sartu nafarren kontrako irudikapena.

             Hirugarrena: Gaztelaren sasi-protagonismoa. Kalisto II.a Aita Santuak (1119-1124) gurutzada batera deitu zuen, eta, hala, enperadore izendatu ahal izan zuen bere burua haren ilobak, Gaztelako Alfontso VII.ak. Horretarako, Reimseko artzapezpiku Turpinek Proto Turpin izeneko kontakizun batean dioenez, Jakuek akuilaturik jo zuen Karlomagnok lurra konskistatzera eta musulmanez libre uztera. Garai hartako kronikaren batean adierazten denez, Karlomagnoren tropak ez zituzten garaitu sarrazenoek —Errolanen kanta-ren iruzurrari jaramon egitera—, baizik eta gaztelarrek, zegokien lurrera itzultzea galarazi baitzieten. Alfontso VII.aren kronika izenekoan, Espainiaren balizko subiranotasuna Rodano ibairaino zabaltzeko nahia betetzearen aldeko agertu zuen bere burua Gaztelako erregeak.

            Laugarrena: nafarrei Codex Calixtinus-en eginiko laidoak. Libro de los milagros izenekoan (Mirarien liburua), bada azpikeriazko pasarte bat, Nafarroaren historia laidogarriari dagokiona eta Julio Zesarri egotzitako kondaira batean oinarritutakoa. Aldaera hori ez da ageri aurreko eskuizkribuetan. Antza denez, hiru herriren arteko emaitza dira nafarrak: nubiarren, irlandarren —eskoziar deritze testuan— eta Kornuallesko kaudatien artekoa. Testu horren arabera, herri horietakoek kanporatu egin zituzten espainiarrak zegozkien eskualdeetatik. Mirarien liburuan nafarrak legenardunen pare jartzen dituzte —sasi-Turpin haren lehenbiziko aldaeraren ondoren—, eta, hala, Karlomagnoren mendeko agerrarazi nahi dute Espainiako enperadore eta Gaztelako errege Alfontso VII.a, zeinak nafarrak areriotzat baitzeuzkan; erdi basati gisa aurkezten dituzte nafarrak, eta horrek zuritzen bide du Gaztelaren konkista, zeregin zibilizatzaile baten aitzakian. Huraxe izan zen Gaztelak 1200. urtean itsasaldeko Nafarroa konkistatu izanaren atarikoa; eta frantsesek, 1512an eta 1620an. Ripollgo eskuizkribuaren hurrengo aldaeran, oro har, berdintzat jotzen dira nafarrak eta gaskoiak, eta, hala, Baskonia osoa hartzen zuten kontuan.

             Nahita asmatutako kontakizun fantasiatsuen bidez, manipulatu egin zuten herri baskoiak frankoen inperialismoari aurre egin eta garaile atera izana, konkisten apologia lausoa ziren kontakizun literarioen iturburu bihurtzeraino. Europa barneko tokiko sorburu horretatik letorke Frantziaren eta Espainiaren espantsiosismoaren zuribidea, zeinak domino efektu bidez ekarri baitzuen Europako hainbat naziok zeregin kolonialei ekitea mundu osoan: Portugal, Espainia, Herbehereak, Frantzia… Abuztuaren 15a aukera paregabea da Orreagara joateko, Etxebarrengoa elkartearen eta Orreaga fundazioaren deialdiari erantzunez: hamabietan hasiko dira ekitaldiak kolegio elizan; lekukotasuna ematekoak izango dira, baita batasuna, askatasuna eta euskara aldezteko eta sendotzeko ere, eta gizarte honen subiranotasuna berreskuratzeko. Hortxe gertatu baitzen baskoien garaipena, eta harexek sendotu baitzuen Nafarroaren independentzia. Pro Libertate Nabarra.

                                                                                                       Tomas Urzainqui Mina